miércoles, 2 de diciembre de 2009

La Aventura de Clearwater (parte 3 y final)


Los kilómetros pasan, entre sorbito de gatorade y gel, pelotón aquí, pelotón allí. En la parte final, en plena autovía adelanto a varias personas de mi misma edad o similar, yo me encontraba muy bien de piernas a velocidades por encima de 40 km/h, pero resulta frustrante que varios kilómetros después, estas mismas personas iban a cola de un grupo haciendo una contrarreloj por equipos. Siendo un campeonato del mundo es la carrera en la que más flagrante ha sido el drafting. Recuerdo a un tal Riccitello dos días antes amenazando a todo el mundo con la gran cantidad de penalizaciones que se iban a mostrar…vergonzoso.

Los últimos diez kilómetros discurren por una zona de calles con un asfalto pestoso y lleno de baches, ponerse en el acople es jugársela para romper el manillar.

Afronto la última subida al puente, deseando bajarme de la bici para comprobar como responde la pierna derecha en la carrera a pie. Estos últimos kilómetros los sigo haciendo con mucha tranquilidad y viendo como en el circuito a pie ya hay mucha gente corriendo, no tengo ni idea del tiempo que he hecho ni de la media de velocidad. Llego a la última rotonda que da acceso a boxes y veo a todo el equipo animando a grito pelado. Durante muchos kilómetros de la bici me acorde de ellos, y que cuando les viera haría como si todo fuese bien, que sólo era un arañazo, así que levanto el dedo de que todo va bien, además como paso por el lado que tengo sano, ni se dan cuenta de las heridas.


Llego a la entrada de boxes y un voluntario de recoge la bici, por fin pongo pie a tierra y cada zancada es una pequeña punzada en la cadera, se soporta pero aún quedan 21 km. Cojo mi bolsa con las zapatillas y entro en la carpa, que esta vez está más tranquila, me calzo con tranquilidad y decido no quitarme los manguitos que tengo para el sol, principalmente para no dejar al aire las heridas del codo. Con todo listo y la gorra puesta a por la última etapa.

Intento ir a un ritmo suave pero continuo. Yo salgo a correr y ya hay gente que entra a meta, no me queda…

A lo lejos veo a Eva, Daniel y mama, emocionados, animando, yo no paro de darle vueltas a la cabeza de que cuando llegue a su altura debo tranquilizarlos, pero cuando estoy casi a su altura y se dan cuanta de lo que me he hecho, ellos se quedan mudos y yo bajo el ritmo pero no puedo articular palabra y tengo que agachar la cabeza para que no noten más aún mi decepción y lágrimas. Tras unos segundos los gritos de ánimo se vuelven más fuertes y los dejo a mi espalda, como si fueran el resorte que me empuja a seguir corriendo. Luego me contaron el verme correr fue lo que les tranquilizo y lo que todo el mundo de alrededor les dijo “si corre es que todo va bien”.



Bien, bien hasta cierto punto. El calor esta siendo ya bastante fuerte y me da miedo refrescarme con agua por el cuerpo para que no se mojen las heridas. La mejor opción es ponerme una esponja en la nuca, así que hago toda la carrera con el cuello fresco. Los primeros kilómetros, y la primera subida al puente, quizás son los más duros porque el dolor es más fuerte y me cuesta coger un ritmo cómodo. El circuito es casi plano con bastantes avituallamientos, pero sin lo que habían anunciado que tendrían, los geles son todos de sabor chocolate y sólo de pensar en el sabor se me revuelve el estómago, menos mal que me guarde dos de la bici, que son los que me tomé corriendo, más otro que conseguí de fresa, debe ser el último que les queda. Y un poco más de gatorade, porque el agua que dan esta asquerosa, con un sabor vomitivo.

Pasan las millas, que gran ventaja de medida, todo parece que pasa más rápido. Ya estoy de vuelta y veo otra vez al equipo, y como no, animando. Esta vez ya no me emociono tanto y simplemente ando un poco para disfrutar del momento. Doy la vuelta y ya no les vuelvo a ver hasta la meta. Otro poco andando, no tengo prisa, a estas alturas ya voy corriendo casi sólo con veteranos y da la falsa impresión de que adelanto a mucha gente.


Los recuerdos de toda la carrera y sobre todo la segunda vuelta, son muy fugaces ya que la hice un poco autómata desando terminar. Sin darme cuenta y sin los dolores de rodilla que había tenido las últimas semanas llego a la parte final y enfilo la línea de meta, muy frío, nunca pensé que apenas sentiría emoción por finalizar un campeonato del mundo, pero creo que había entrenado mucho como para limitarme a intentar acabar. Eso si, orgulloso a pesar de todo y cruzar la línea de meta. Primero veo a Daniel gritando y a unos metros a Eva y mama con el collar de plástico en la mano, pero ni lo cojo, no estoy con mucho espíritu.


Termine por fin, medalla, gorra y toalla de finisher y directo a ver al equipo, para contarles todo lo sucedido. Lo único que recibo son felicitaciones por haber acabado en estas condiciones, besos, abrazos. Lo siguiente, visitar el servicio médico, que apenas se limita a limpiar un poco las heridas. Cuanto menos otro aspecto decepcionante. Lo que sigue en las siguientes horas y días son curas y más curas con bastante dolor entre ellas.

Mi conclusión, y quizás un poco condicionada por la caída, es que es una carrera que el simple echo de clasificarse ya es un logro, pero que podría ser realmente bonita si no fuera por ciertos detalles de carrera de pueblo y principalmente porque el drafting es un serio problema que se carga esta carrera.

Por otro lado y como no puedo olvidarme del motivo que me ha llevado a acabar un poco magullado, pero orgulloso, es el FELTD Team:

Eva
Daniel
Y mama que estuvieron animando luego curando las heridas con tanto cariño.
Y a Lorena que desde casa animo como si estuviera con todos.

Muchas gracias a todos.

Cual será la próxima locura, mi cabeza ya está dando vueltas



martes, 1 de diciembre de 2009

La Aventura de Clearwater (parte 2)

Todo listo. Fuera de boxes y a esperar hasta las 7:30 que es mi salida. Nos sentamos en un bordillo a ver a la gente entrar en boxes. Pasa el rato con alguna visita al baño y empiezo a ver a la gente ponerse el neopreno, aunque me queda una hora, subcoscientemente empiezas a agobiarte y tienes que ponértelo tú también. Antes una pequeña carrera para despertar las piernas y comienzo el protocolo de cremas y meterme en el neopreno, que cada vez parece más complicado, serán las hamburguesas de Miami.

Al haber cambiado el lugar de la natación, la salida es de uno en uno, por lo que nos ordenan por salidas y a esperar que nos llegue el turno. La espera se hace muy llevadera con todos apoyando desde el otro lado de la valla.


Y llega la hora, gorro, gafas, un beso a todos y al agua. Al ser la salida individual no hay que hacer un sprint para coger sitio, así que empiezo a un ritmo sostenido pero algo duro. No termino de encostrarme a gusto, pero aún así voy adelantando gente continuamente, lo que añadido al sol de frente resulta molesto para orientarse con las boyas. Salvo algún golpe aislado, todo va más o menos bien. Cuando enfilo la última recta el volumen de gente se vuelve muy molesto, con muchas mujeres veteranas, justo cuando me voy encontrando mejor, pero no consigo un ritmo uniforme y se me hace muy largo llegar al final. Por fin, rampa y de uno en uno a los boxes. Cuando salgo veo a un montón de voluntarios ayudando a gente tendida en el suelo a quitarse el neopreno, demasiado jaleo, sigo adelante y ya me lo quitaré en la carpa.



Recojo mi bolsa de ropa, tirada en el suelo, otro detalle pobre de una carrera como esta. En la carpa el jaleo es tremendo pero tienes a un voluntario pendiente de guardarte todo. Calcetines, manguitos nuevos para el sol, gafas y un poco mareado salgo corriendo a por la bici, de momento todo va bien, que poco duraría la ilusión. A lo lejos oía los gritos de mama, Eva y Daniel, pero no los localice. Por una vez y sin que sirva de precedente me monto en la bici a la primera, los pies entraron perfectamente en las zapatillas y no perdí tiempo.


Ahora 90 km de acople y velocidades por encima de 35-40 km/h. Pero antes hay que subir a pequeña rampa del Causeway Bridge que conecta las playas con Clearwater, y por supuesto bajarlo. El carril es muy estrecho, justo para dos personas en paralelo manteniendo una distancia de seguridad. Pero acabando la bajada alguien considera que hay sitio para tres y no puede esperar a que yo termine de adelantar a una veterana. Al grito de “on your Leith” y sin tiempo de reacción veo por el rabillo del ojo a alguien que se pega y se engancha con mi manillar para evitar los conos. En vez de evitarme se echa contra mí. Lo siguiente es arrastrándome por el asfalto por el costado derecho a más de 40 km/h y haciendo de colchón de una gilipollas con prisas y mucha irresponsabilidad. Lo primero que hago tras levantarme y sin ver como estaba mi cuerpo, es ir a por ella para increparle su actitud, primero en ingles y luego ante la desesperación de haber tirado por el suelo, nunca mejor dicho, los entrenamientos de tantos meses, continuo en español insultándola y llamándola loca. En frio y días después de todo esto lo que más me alucina es la actitud de esta impresentable austriaca que no se preocupó para nada de cómo me encontraba y siguió la carrera como si no pasará nada, eso es el “espíritu” ironman, aún recuerdo los 10 minutos que estuve en Lanzarote con el chico que se cayó delante mío.

No se la distancia que recorrí por el suelo, pero cuando me preocupe primero por mi y luego por la bici, comprobé que debió ser bastante. La bici tenía todo arañada, la maneta del freno, el manillar, el pedal y el portabidones trasero se había partido, por lo menos el cuadro no había tocado el suelo.


Lo mío era otra historia. Con la atención inmediata de un policía y varios espectadores y voluntarios, voy descubriendo las heridas de rodilla, brazo, hombro, mano y cuando subo el culote roto, la de la cadera que es la que más duele por el golpe, no por la herida. Tras moverme un poco y comprobar que no hay nada roto, decido que intentare seguir, tengo que acabar y es que en este momento pasan por la cabeza las horas de entrenamiento y sobre todo la imagen de Eva, Daniel y mama esperando en meta, con todo el sacrificio que ha supuesto también para ellos llegar hasta aquí.

En la caída la cadena se ha salido y no se como se ha quedado hecha un ocho, con los nervios no consigo enderezarla, así que tardo un tiempo, pero con ayuda. He de decir que la atención del policía fue inmejorable, con preguntas continuas sobre como me encontraba y una línea abierta por radio con la ambulancia por si decidía retirarme y necesitaba asistencia médica. De todas formas una voluntaria que me ha oído insultar a la innombrable, se dirige a mi en castellano y me pregunta si necesito ayuda médica; a lo que le respondo que si puede limpiar un poco las heridas, lo que hace con suero y una gasa. Por cierto, menos mal que tenía bañador debajo del culote, porque este se rompió, no se como, por la ingle y se me hubiera visto todo o no podría haber continuado.

Después de no se cuantos minutos, me monto en la bici y reanudo la carrera con la idea muy clara de simplemente acabar, ya que no se como responderá mi cuerpo, sobre todo en la carrera a pie. Al empezar a pedalear y levantarme en la bici noto unos chasquidos muy molestos en la cadera que al principio me asustan, pero cuando me acoplo desaparecen y “sólo” se queda el dolor. Menos de un kilómetro después tengo que volver a parar, la bici va completamente frenada, intento ajustar la rueda pero en esta primera intentona no lo debo hacer bien, porque tengo que parar dos veces más y en la última tomar la decisión de ir casi sin freno trasero, al tener que aflojarlo entero.

El resto de la bici se resume a sufrir, no por el cansancio, sino por el dolor de la cadera. El resto de las heridas no las noto mucho, pero el golpe en el costado lo siento a cada pedalada y sobre todo cuando me incorporo en las contadas ocasiones que hay una pequeña pendiente en un circuito completamente plano. El intentar acabar y no forzar nada es frustrante después de tantos kilómetros de entrenamiento, pero me permitió ver la carrera desde otra perspectiva. Yo solo adelanto gente veterana de las salidas anteriores a la mía, en cambio a mi me pasan auténticos pelotones de chicas y chicos juntos, todos acoplados creando situaciones realmente peligrosas. La mayoría de corredores tienen la costumbre de nada más adelantar meterse a la derecha sin respetar un mínimo de distancia de seguridad, con lo que después de la caída aún tengo algún susto, incluso insulto. Con una chica que me adelanta a rueda de un grupo de chicos llegue a recriminarle su actitud. Por supuesto, consciente de lo que hacia, pasó de mí. Creo que esta carrera tiene un serio problema con el tema del drafting, no vi ni una sola moto controlando y no se que hubiera podido hacer yo si me hubiera encontrando bien para poder disputar la carrera.