Los últimos diez kilómetros discurren por una zona de calles con un asfalto pestoso y lleno de baches, ponerse en el acople es jugársela para romper el manillar.
Afronto la última subida al puente, deseando bajarme de la bici para comprobar como responde la pierna derecha en la carrera a pie. Estos últimos kilómetros los sigo haciendo con mucha tranquilidad y viendo como en el circuito a pie ya hay mucha gente corriendo, no tengo ni idea del tiempo que he hecho ni de la media de velocidad. Llego a la última rotonda que da acceso a boxes y veo a todo el equipo animando a grito pelado. Durante muchos kilómetros de la bici me acorde de ellos, y que cuando les viera haría como si todo fuese bien, que sólo era un arañazo, así que levanto el dedo de que todo va bien, además como paso por el lado que tengo sano, ni se dan cuenta de las heridas.
Llego a la entrada de boxes y un voluntario de recoge la bici, por fin pongo pie a tierra y cada zancada es una pequeña punzada en la cadera, se soporta pero aún quedan 21 km. Cojo mi bolsa con las zapatillas y entro en la carpa, que esta vez está más tranquila, me calzo con tranquilidad y decido no quitarme los manguitos que tengo para el sol, principalmente para no dejar al aire las heridas del codo. Con todo listo y la gorra puesta a por la última etapa.
A lo lejos veo a Eva, Daniel y mama, emocionados, animando, yo no paro de darle vueltas a la cabeza de que cuando llegue a su altura debo tranquilizarlos, pero cuando estoy casi a su altura y se dan cuanta de lo que me he hecho, ellos se quedan mudos y yo bajo el ritmo pero no puedo articular palabra y tengo que agachar la cabeza para que no noten más aún mi decepción y lágrimas. Tras unos segundos los gritos de ánimo se vuelven más fuertes y los dejo a mi espalda, como si fueran el resorte que me empuja a seguir corriendo. Luego me contaron el verme correr fue lo que les tranquilizo y lo que todo el mundo de alrededor les dijo “si corre es que todo va bien”.
Bien, bien hasta cierto punto. El calor esta siendo ya bastante fuerte y me da miedo refrescarme con agua por el cuerpo para que no se mojen las heridas. La mejor opción es ponerme una esponja en la nuca, así que hago toda la carrera con el cuello fresco. Los primeros kilómetros, y la primera subida al puente, quizás son los más duros porque el dolor es más fuerte y me cuesta coger un ritmo cómodo. El circuito es casi plano con bastantes avituallamientos, pero sin lo que habían anunciado que tendrían, los geles son todos de sabor chocolate y sólo de pensar en el sabor se me revuelve el estómago, menos mal que me guarde dos de la bici, que son los que me tomé corriendo, más otro que conseguí de fresa, debe ser el último que les queda. Y un poco más de gatorade, porque el agua que dan esta asquerosa, con un sabor vomitivo.
Pasan las millas, que gran ventaja de medida, todo parece que pasa más rápido. Ya estoy de vuelta y veo otra vez al equipo, y como no, animando. Esta vez ya no me emociono tanto y simplemente ando un poco para disfrutar del momento. Doy la vuelta y ya no les vuelvo a ver hasta la meta. Otro poco andando, no tengo prisa, a estas alturas ya voy corriendo casi sólo con veteranos y da la falsa impresión de que adelanto a mucha gente.
Los recuerdos de toda la carrera y sobre todo la segunda vuelta, son muy fugaces ya que la hice un poco autómata desando terminar. Sin darme cuenta y sin los dolores de rodilla que había tenido las últimas semanas llego a la parte final y enfilo la línea de meta, muy frío, nunca pensé que apenas sentiría emoción por finalizar un campeonato del mundo, pero creo que había entrenado mucho como para limitarme a intentar acabar. Eso si, orgulloso a pesar de todo y cruzar la línea de meta. Primero veo a Daniel gritando y a unos metros a Eva y mama con el collar de plástico en la mano, pero ni lo cojo, no estoy con mucho espíritu.
Termine por fin, medalla, gorra y toalla de finisher y directo a ver al equipo, para contarles todo lo sucedido. Lo único que recibo son felicitaciones por haber acabado en estas condiciones, besos, abrazos. Lo siguiente, visitar el servicio médico, que apenas se limita a limpiar un poco las heridas. Cuanto menos otro aspecto decepcionante. Lo que sigue en las siguientes horas y días son curas y más curas con bastante dolor entre ellas.
Mi conclusión, y quizás un poco condicionada por la caída, es que es una carrera que el simple echo de clasificarse ya es un logro, pero que podría ser realmente bonita si no fuera por ciertos detalles de carrera de pueblo y principalmente porque el drafting es un serio problema que se carga esta carrera.
Por otro lado y como no puedo olvidarme del motivo que me ha llevado a acabar un poco magullado, pero orgulloso, es el FELTD Team:
Eva
Daniel
Y mama que estuvieron animando luego curando las heridas con tanto cariño.
Y a Lorena que desde casa animo como si estuviera con todos.
Muchas gracias a todos.
Cual será la próxima locura, mi cabeza ya está dando vueltas…
