Pero ya paso por la zona de mete, última vuelta, me cruzo con un montón de gente que ya entra a meta, que envidia, a mi me queda como una hora en el mejor de los casos. Se me olvidaba mencionar en la vuelta anterior, uno de esos momentos que hace grande estar metido en esta locura. En uno de los tramos que yo bajé el ritmo hasta casi andar, de repente me adelanta una mujer, me fijo y era una señora de por lo menos 60-65 años con un ritmo tremendo, no pude por menos que felicitarla y correr detrás de ella hasta la zona donde estaba el equipo para hacerles ver la capacidad que tiene la gente. Increíble la señora “la número 1” le dije a Daniel.
Volviendo a mi última vuelta, últimos geles para 10 km. Otra vez me veía en la línea de llegada, como si el clima quisiera que me diera prisa, refresco bastante y llovió un poquito. Paso por el punto de la última pulsera, como se agradece, incluso adelantas a gente dejando ver bien alto el brazo donde se ve que en la próxima ya estas en meta.
El equipo pletórico, me cruzo con ellos por última vez antes de la meta, y aún les queda más de media hora hasta que acabe, pero eso les da igual, la emoción lo puede todo, en ellos y en mi. Esta vuelta la disfrute a tope, cada corredor que me pasaba, interiormente me sentía feliz por él, iba más rápido que yo, y a los que pasaba los animaba para que acabasen. Sólo un español desentonaba entre esta sensación del deber cumplido. Tras preguntarme que tal, le comente que ya estaba hecho, daba igual el tiempo final y me contesto que su única preocupación era que no le ganara un compañero de equipo que venia por detrás. Eso no es el espíritu Ironman. Pase de él, yo a lo mío, jodido pero contento. Como ya tenía bien aprendidas las referencias de cada tramo, iba descontándolos, ya era la última vez que pasaba por ellos. El público seguía animando bastante y mucha gente ya volvía de recoger sus bicis para irse a por la merecida ducha. A mi daba igual yo seguía trotando todo lo que podía. Tenia claro que yo entraba corriendo.
Una zona de avituallamiento menos, una curva menos, y por fin enfilo la recta que daba acceso a la meta. Aquí me fijo en las pulseras de los que van conmigo, quiero entrar solo, así que hay que empezar a eliminar “adversarios” para la foto. Al trote voy dejando algunos atrás, pero de resiste uno y yo no estoy para alegrías ni acelerones. Últimos metros, enseño orgulloso mi pulsera al voluntario de la carrera que da paso a la meta o girar para empezar otra vuelta. Esta vez si, yo voy a meta. El señor también hace lo mismo y para mi sorpresa lo hace con dos niños de la mano, así que bajo el ritmo.
Último giro y ya veo la meta, esos últimos metros tantas veces imaginados, y que tantas veces durante la bici pensé que no cruzaría. Al fondo en la grada por fin veo al equipo, Daniel cámara en mano y Lorena y mama a grito pelado, joder es bonito recordarlo. Tantas horas de entrenamiento, de competición y de apoyo de todo el equipo durante meses, para llegar a este momento y disfrutarlo durante unos segundos que pasan como milésimas, pero recuerdas durante años.
40, 30, 20, 10 m y por fin la meta, me espero y con un saltito cumplo por segundo año consecutivo lo que ha sido un sueño y mi ilusión durante muchos años.
Otra vez, si, si quieres puedes:
SOY UN IRONMAN!!!
Nada mas cruzar la meta, muy, muy cansado me tengo que reclinar sobre mis rodillas y en un momento recordar las últimas casi 13 horas para emocionarme profundamente mientras tenía los gritos del equipo de fondo, a penas a 5 metros pero sin poder abrazarlos. Cuando me incorporo me está esperando un voluntario para darme la medalla de Finisher y una toalla que me quite un poco el frío que estaba empezando a tener, iluso de mi le correspondo con un abrazo, pero estamos en Suiza y son más secos que la mojama, sólo quiere quitarme las pulseras de cada vuelta para guardarlas. Pero no es el momento de crítica, sino de disfrutar.
Ya un poco más abrigado paso a la zona de recuperación, pero antes toca la foto oficial con la bien merecida medalla. Y a la carpa de comida, esta llena de Finishers, se respira un ambiente de tranquilidad y del deber cumplido que no se puede describir. Pero yo no tengo no pizca de hambre, cojo algo caliente y rápido fuera para poder ver a todos y es que estaban esperando ansiosos como yo de poder sonreír después de un día muy duro, tanto para mi como para ellos. Estoy realmente contento de haber conseguido acabar con su apoyo después de haber sufrido como nunca lo había hecho sobre la bici. Besos, abrazos y mucha, mucha ilusión, la mía de contar con un equipo como este, y Eva enganchada a mi dorsal, así quise cruzar la meta, que ella también lo viera todo.

Pero todo el calor humano que nosotros desprendíamos el tiempo de empeñaba en enfriar y volvía a refrescar y chispear. Le dejo la medalla a Daniel, que para mi sorpresa después de ir a buscar la mochila con ropa seca y ducharme, me devolvió grabada con los tiempos parciales y mi nombre por detrás. Con una sensación extraña como de “ya está, todota pasado y no me he dado cuenta”, empezamos a recoger todo y sacar la bici de boxes. Yo estoy pletórico como si no hubiera corrido un Ironman, pero me estoy quedando helado y las caras del equipo no son mucho mejores, así que otro año sin ver cerrar la meta. Nos vamos al hotel en autobús con otros Ironman, cualquiera diría que hemos estado casi 13 horas haciendo el loco.
Este año peor tiempo, pero creo que eso no importa, he acabado con un día infernal y una preparación más corta que para Lanzarote. Para acabar el día, como empezó, con una sonrisa de Eva por el teléfono.
Ya en el hotel un poco de fiebre, una pizza y hablar de lo que ha sido nuestra locura, nuestro segundo Ironman, porque es de todos. Todos me aguantáis durante las famosas 24 semanas del plan de entrenamiento, viajáis y pedís vacaciones para formar parte del equipo que estoy seguro nadie tiene.
Muchas gracias a todos, otra vez, otro año…
Eva
Daniel
Mama
Lorena
Y a pensar en la siguiente…

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