miércoles, 4 de marzo de 2009

Ironman Zurich 08 (Parte 4)

Y por fin en boxes, lejos del tiempo que quería, destrozado físicamente, pero aunque parezca mentira, bastante entero, sería que al dejar de llover y pasar frío ayudó a ver lo que quedaba con optimismo. Pie a tierra, pero aquí no hay voluntarios para recoger la bici, tú como en un triatlón normal, a tu sitio en boxes y cambiarte junto a la bici. En Zurich había decidido correr todo el rato con la misma ropa, en Lanzarote pase frío corriendo, pero la lluvia hizo que cambiara de malliot de la bici a correr, el culote lo mantuve, ya había estado entrenando y quería que toda la carrera FELTD TEAM fuera conmigo cada vez que bajase la mirada y lo viera escrito en la pierna. De píe sin donde sentarse por lo mojado del césped, me cambie. Calcetines secos por fin, zapatillas secas, fuera chubasquero, gorra y a por la maratón. Esto ya me suena, ¿Dónde me he metido?.

Salgo de boxes y me encuentro bien, el dolor de espalda ha desaparecido y las piernas están menos cargadas de lo que esperaba, así que a correr. Si, empiezo corriendo, nada de andar ya tendré tiempo. Lo que no supero es mis frecuentes meadas, ya en el primer kilómetro. Me controlo un poco los ritmos, a casi 5 min/km, un ritmo más que decente. En la primera vuelta de un Ironman todo es nuevo, no tienes puntos de referencia y si te encuentras bien todo pasa rápido. Aún hay mucha gente corriendo y con todos los giros que hay que hacer no hay ni un metro sin gente que te anime, haciendo ruido con el mítico “Superb”, que estuve oyendo casi cinco horas de carrera. Los defectos de no sentirte arropado en las transiciones lo suplías con un ambiente en las calles de Zurich envidiable. Los avituallamientos se repiten cada poco tiempo, en todos tomo algo, en la bici la alimentación no ha ido mal, pero en ese momento pensaba que quizá me había quedado un poco corto de alimento sólido, así que tomo más geles, ya no se cuantos, y algunos frutos secos. Me encuentro bien, pero entre tanta gente un poco “solo”. He visto poco al equipo y casi hasta el final de la primera vuelta no les oigo gritar, gritar de ánimos. A media vuelta te dan la primera pulsera y no al final, inconscientemente te motiva, te ves con una pulserita que quiere decir estas metido en la maratón. Ya me empiezo a encontrar más animado y entro en calor, me bajo los manguitos de la bici que no me había quitado por miedo a que volviera a llover. Y por fin el equipo FELTD en el horizonte, hay que pararse y disfrutar del momento, el comentario inevitable es “la cosa está jodida, pero bien”. Mama insiste en darme los geles que tiene en reserva pero aún queda mucha carrera, mejor guardarlos.


Pasan los metros y sin darme cuenta estoy acabando la primera vuelta y el ritmo se mantiene por debajo de los 6 minutos el kilómetro. Muy optimista, luego lo pagaría, pero verte entre tanta gente, la música y que esta vez quería hacer la carrera a pie sin parar y por debajo de 4 horas, me hizo ir por encima de mis posibilidades.

Pero estar dentro de Ironman por segunda vez hace que te exijas un poco más, pero sin perder la idea de que lo realmente importante es acabar y disfrutar cada segundo y en esto volví a sorprenderme a mi mismo de cómo una vez superada la bici, mi cabeza sólo pensaba en la imagen cruzando la meta y es que estas muchos meses y horas entrenando como para pensar en otra cosa y sobre todo porque esa imagen ya la he visto durante muchas sesiones. Mentalmente ya has visto fotos de la llegada en la que te has situado a ti con todo el equipo al fondo. Cuantas veces habré visto en un año las fotos de Lanzarote. En esta ocasión jugaba con la clave de que en cada vuelta me encontraba con el equipo en 3 o 4 puntos, lo que nos permitía comentar cada poco mi estado anímico. El suyo ya se empezaba a notar cansado y es que yo estuve mojado un buen rato en la bici, pero la imagen de Lorena y mama bajo el poncho de plástico vale más que mil palabras.

Tras la primera vuelta de optimismo, empecé a notar ese extraño impulso de empezar a andar y a ratos trotar. Con los tramos andando me alimentaba un poco más de lo que lo había hecho, notaba un poco de flojera y la cabeza me estaba asustando un poco porque me dolía y la migraña no podía estar lejos. Tome hasta cola para subir el ánimo pero también me subió el estomago, así que rápido de vuelta al “water-power drink” de siempre, con unos buenos geles para acompañar.

La segunda vuelta y parte de la tercera parecía que subía la temperatura y los manguitos me sobraban. Todo seguía igual, un poco andando un poco corriendo y siempre con el incombustible aliento de todo el equipo y digo todo porque ya en este punto empecé a sacar del bolsillo y ver la foto de Eva con el trébol que me había acompañado toda la carrera, estaba seguro que elle también estaba “sufriendo” en casa. A mitad de la tercera vuelta note un “subidón” de fuerza, ahora no se si en mis piernas o sólo en mi cabeza, empecé a correr, con un estilo muy económico pero efectivo, aún recuerdo pasar por delante de Daniel y oírle “ese es el ritmo, sigue así”. Yo seguí así, pero no duró mucho, media vuelta, pare a una de las decenas de meaditas que hice en la carrera y cuando arranque se había ido el subidón. Así que a andar otro poquito.

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