jueves, 5 de marzo de 2009

Ironman Zurich 08 (Parte 5 y final)


Pero ya paso por la zona de mete, última vuelta, me cruzo con un montón de gente que ya entra a meta, que envidia, a mi me queda como una hora en el mejor de los casos. Se me olvidaba mencionar en la vuelta anterior, uno de esos momentos que hace grande estar metido en esta locura. En uno de los tramos que yo bajé el ritmo hasta casi andar, de repente me adelanta una mujer, me fijo y era una señora de por lo menos 60-65 años con un ritmo tremendo, no pude por menos que felicitarla y correr detrás de ella hasta la zona donde estaba el equipo para hacerles ver la capacidad que tiene la gente. Increíble la señora “la número 1” le dije a Daniel.


Volviendo a mi última vuelta, últimos geles para 10 km. Otra vez me veía en la línea de llegada, como si el clima quisiera que me diera prisa, refresco bastante y llovió un poquito. Paso por el punto de la última pulsera, como se agradece, incluso adelantas a gente dejando ver bien alto el brazo donde se ve que en la próxima ya estas en meta.

El equipo pletórico, me cruzo con ellos por última vez antes de la meta, y aún les queda más de media hora hasta que acabe, pero eso les da igual, la emoción lo puede todo, en ellos y en mi. Esta vuelta la disfrute a tope, cada corredor que me pasaba, interiormente me sentía feliz por él, iba más rápido que yo, y a los que pasaba los animaba para que acabasen. Sólo un español desentonaba entre esta sensación del deber cumplido. Tras preguntarme que tal, le comente que ya estaba hecho, daba igual el tiempo final y me contesto que su única preocupación era que no le ganara un compañero de equipo que venia por detrás. Eso no es el espíritu Ironman. Pase de él, yo a lo mío, jodido pero contento. Como ya tenía bien aprendidas las referencias de cada tramo, iba descontándolos, ya era la última vez que pasaba por ellos. El público seguía animando bastante y mucha gente ya volvía de recoger sus bicis para irse a por la merecida ducha. A mi daba igual yo seguía trotando todo lo que podía. Tenia claro que yo entraba corriendo.

Una zona de avituallamiento menos, una curva menos, y por fin enfilo la recta que daba acceso a la meta. Aquí me fijo en las pulseras de los que van conmigo, quiero entrar solo, así que hay que empezar a eliminar “adversarios” para la foto. Al trote voy dejando algunos atrás, pero de resiste uno y yo no estoy para alegrías ni acelerones. Últimos metros, enseño orgulloso mi pulsera al voluntario de la carrera que da paso a la meta o girar para empezar otra vuelta. Esta vez si, yo voy a meta. El señor también hace lo mismo y para mi sorpresa lo hace con dos niños de la mano, así que bajo el ritmo.

Último giro y ya veo la meta, esos últimos metros tantas veces imaginados, y que tantas veces durante la bici pensé que no cruzaría. Al fondo en la grada por fin veo al equipo, Daniel cámara en mano y Lorena y mama a grito pelado, joder es bonito recordarlo. Tantas horas de entrenamiento, de competición y de apoyo de todo el equipo durante meses, para llegar a este momento y disfrutarlo durante unos segundos que pasan como milésimas, pero recuerdas durante años.

40, 30, 20, 10 m y por fin la meta, me espero y con un saltito cumplo por segundo año consecutivo lo que ha sido un sueño y mi ilusión durante muchos años.


Otra vez, si, si quieres puedes:

SOY UN IRONMAN!!!


Nada mas cruzar la meta, muy, muy cansado me tengo que reclinar sobre mis rodillas y en un momento recordar las últimas casi 13 horas para emocionarme profundamente mientras tenía los gritos del equipo de fondo, a penas a 5 metros pero sin poder abrazarlos. Cuando me incorporo me está esperando un voluntario para darme la medalla de Finisher y una toalla que me quite un poco el frío que estaba empezando a tener, iluso de mi le correspondo con un abrazo, pero estamos en Suiza y son más secos que la mojama, sólo quiere quitarme las pulseras de cada vuelta para guardarlas. Pero no es el momento de crítica, sino de disfrutar.

Ya un poco más abrigado paso a la zona de recuperación, pero antes toca la foto oficial con la bien merecida medalla. Y a la carpa de comida, esta llena de Finishers, se respira un ambiente de tranquilidad y del deber cumplido que no se puede describir. Pero yo no tengo no pizca de hambre, cojo algo caliente y rápido fuera para poder ver a todos y es que estaban esperando ansiosos como yo de poder sonreír después de un día muy duro, tanto para mi como para ellos. Estoy realmente contento de haber conseguido acabar con su apoyo después de haber sufrido como nunca lo había hecho sobre la bici. Besos, abrazos y mucha, mucha ilusión, la mía de contar con un equipo como este, y Eva enganchada a mi dorsal, así quise cruzar la meta, que ella también lo viera todo.


Pero todo el calor humano que nosotros desprendíamos el tiempo de empeñaba en enfriar y volvía a refrescar y chispear. Le dejo la medalla a Daniel, que para mi sorpresa después de ir a buscar la mochila con ropa seca y ducharme, me devolvió grabada con los tiempos parciales y mi nombre por detrás. Con una sensación extraña como de “ya está, todota pasado y no me he dado cuenta”, empezamos a recoger todo y sacar la bici de boxes. Yo estoy pletórico como si no hubiera corrido un Ironman, pero me estoy quedando helado y las caras del equipo no son mucho mejores, así que otro año sin ver cerrar la meta. Nos vamos al hotel en autobús con otros Ironman, cualquiera diría que hemos estado casi 13 horas haciendo el loco.

Este año peor tiempo, pero creo que eso no importa, he acabado con un día infernal y una preparación más corta que para Lanzarote. Para acabar el día, como empezó, con una sonrisa de Eva por el teléfono.

Ya en el hotel un poco de fiebre, una pizza y hablar de lo que ha sido nuestra locura, nuestro segundo Ironman, porque es de todos. Todos me aguantáis durante las famosas 24 semanas del plan de entrenamiento, viajáis y pedís vacaciones para formar parte del equipo que estoy seguro nadie tiene.

Muchas gracias a todos, otra vez, otro año…

Eva
Daniel
Mama
Lorena

Y a pensar en la siguiente…

miércoles, 4 de marzo de 2009

Ironman Zurich 08 (Parte 4)

Y por fin en boxes, lejos del tiempo que quería, destrozado físicamente, pero aunque parezca mentira, bastante entero, sería que al dejar de llover y pasar frío ayudó a ver lo que quedaba con optimismo. Pie a tierra, pero aquí no hay voluntarios para recoger la bici, tú como en un triatlón normal, a tu sitio en boxes y cambiarte junto a la bici. En Zurich había decidido correr todo el rato con la misma ropa, en Lanzarote pase frío corriendo, pero la lluvia hizo que cambiara de malliot de la bici a correr, el culote lo mantuve, ya había estado entrenando y quería que toda la carrera FELTD TEAM fuera conmigo cada vez que bajase la mirada y lo viera escrito en la pierna. De píe sin donde sentarse por lo mojado del césped, me cambie. Calcetines secos por fin, zapatillas secas, fuera chubasquero, gorra y a por la maratón. Esto ya me suena, ¿Dónde me he metido?.

Salgo de boxes y me encuentro bien, el dolor de espalda ha desaparecido y las piernas están menos cargadas de lo que esperaba, así que a correr. Si, empiezo corriendo, nada de andar ya tendré tiempo. Lo que no supero es mis frecuentes meadas, ya en el primer kilómetro. Me controlo un poco los ritmos, a casi 5 min/km, un ritmo más que decente. En la primera vuelta de un Ironman todo es nuevo, no tienes puntos de referencia y si te encuentras bien todo pasa rápido. Aún hay mucha gente corriendo y con todos los giros que hay que hacer no hay ni un metro sin gente que te anime, haciendo ruido con el mítico “Superb”, que estuve oyendo casi cinco horas de carrera. Los defectos de no sentirte arropado en las transiciones lo suplías con un ambiente en las calles de Zurich envidiable. Los avituallamientos se repiten cada poco tiempo, en todos tomo algo, en la bici la alimentación no ha ido mal, pero en ese momento pensaba que quizá me había quedado un poco corto de alimento sólido, así que tomo más geles, ya no se cuantos, y algunos frutos secos. Me encuentro bien, pero entre tanta gente un poco “solo”. He visto poco al equipo y casi hasta el final de la primera vuelta no les oigo gritar, gritar de ánimos. A media vuelta te dan la primera pulsera y no al final, inconscientemente te motiva, te ves con una pulserita que quiere decir estas metido en la maratón. Ya me empiezo a encontrar más animado y entro en calor, me bajo los manguitos de la bici que no me había quitado por miedo a que volviera a llover. Y por fin el equipo FELTD en el horizonte, hay que pararse y disfrutar del momento, el comentario inevitable es “la cosa está jodida, pero bien”. Mama insiste en darme los geles que tiene en reserva pero aún queda mucha carrera, mejor guardarlos.


Pasan los metros y sin darme cuenta estoy acabando la primera vuelta y el ritmo se mantiene por debajo de los 6 minutos el kilómetro. Muy optimista, luego lo pagaría, pero verte entre tanta gente, la música y que esta vez quería hacer la carrera a pie sin parar y por debajo de 4 horas, me hizo ir por encima de mis posibilidades.

Pero estar dentro de Ironman por segunda vez hace que te exijas un poco más, pero sin perder la idea de que lo realmente importante es acabar y disfrutar cada segundo y en esto volví a sorprenderme a mi mismo de cómo una vez superada la bici, mi cabeza sólo pensaba en la imagen cruzando la meta y es que estas muchos meses y horas entrenando como para pensar en otra cosa y sobre todo porque esa imagen ya la he visto durante muchas sesiones. Mentalmente ya has visto fotos de la llegada en la que te has situado a ti con todo el equipo al fondo. Cuantas veces habré visto en un año las fotos de Lanzarote. En esta ocasión jugaba con la clave de que en cada vuelta me encontraba con el equipo en 3 o 4 puntos, lo que nos permitía comentar cada poco mi estado anímico. El suyo ya se empezaba a notar cansado y es que yo estuve mojado un buen rato en la bici, pero la imagen de Lorena y mama bajo el poncho de plástico vale más que mil palabras.

Tras la primera vuelta de optimismo, empecé a notar ese extraño impulso de empezar a andar y a ratos trotar. Con los tramos andando me alimentaba un poco más de lo que lo había hecho, notaba un poco de flojera y la cabeza me estaba asustando un poco porque me dolía y la migraña no podía estar lejos. Tome hasta cola para subir el ánimo pero también me subió el estomago, así que rápido de vuelta al “water-power drink” de siempre, con unos buenos geles para acompañar.

La segunda vuelta y parte de la tercera parecía que subía la temperatura y los manguitos me sobraban. Todo seguía igual, un poco andando un poco corriendo y siempre con el incombustible aliento de todo el equipo y digo todo porque ya en este punto empecé a sacar del bolsillo y ver la foto de Eva con el trébol que me había acompañado toda la carrera, estaba seguro que elle también estaba “sufriendo” en casa. A mitad de la tercera vuelta note un “subidón” de fuerza, ahora no se si en mis piernas o sólo en mi cabeza, empecé a correr, con un estilo muy económico pero efectivo, aún recuerdo pasar por delante de Daniel y oírle “ese es el ritmo, sigue así”. Yo seguí así, pero no duró mucho, media vuelta, pare a una de las decenas de meaditas que hice en la carrera y cuando arranque se había ido el subidón. Así que a andar otro poquito.

lunes, 2 de marzo de 2009

Ironman Zurich 08 (Parte 3)

Estaba deseando que llegara el avituallamiento especial, con el frío hay que comer más de lo normal para reponer las calorías que pierdes con el frío. Y en el famoso “Relax Station”, igualito que Lanzarote con los voluntarios dándote la bolsa especial. Aquí yo esperaba una zona acondicionada para estar cubierto y comer lo que tuvieras en las bolsas, y me encuentro con unas mesas en la cuneta de la carretera con cientos de bolsas aciñadas, sin orden de ningún tipo. Bajo la lluvia con la bici en una mano buscando mi bolsa Otro punto a favor de los suizos. Por lo menos la encontré y me metí en el malliot los sándwiches de membrillo para cuando llegara el llano.

Una cuesta, una bajada, un poquito de llano, así pasaban los kilómetros aún con tiritonas, pero poco antes de comenzar la última bajada al llano del lago de Zurich, mi cabeza, aún no se como, dio un cambio en su forma de ver la carrera. No lo olvidare creo que nunca, en medio de una bajada me vi a mi mismo hablando en voz alta, emocionado, acordándome de todo el equipo, sacrificando tantas cosas para esperarme en la meta otra vez como un “finisher”, tantas horas sin ver a Eva durante los fines de semana. Estaba hablando, repitiéndome a mi mismo que si podía, mi nombre un si en mayúsculas, una y otra vez, hasta que me convencí, guarde toda la emoción y decidí intentarlo, no me pararía en Heartbreak Hill, seguiría adelante. Supongo que esto es lo que llaman autoayuda los deportistas de elite, pero es difícil llegar a ello, casi siempre son mayoría los pensamientos negativos cuando estas sufriendo. Sin tiempo de asimilar este momento, me encontré con una bajada al 15% y lloviendo, creo que gaste la mitad de las pastillas de freno, la otra mitad la tenia que guardar para la siguiente vuelta. Y mientras yo parecía un niño con ruedines, la gente me pasaba como si les fuera la vida en ello, yo acojonado y la gente a más de 60 km/h con la carretera empapada.

Y por fin después de pasar un poco de miedo en las bajadas, con varios sustos al frenar en exceso, llegó el llano, me zampo el sándwich de membrillo, lo único sólido en todo el día, en el que pierdo la cuenta de los geles que me llego a tomar. Y con el placer del sándwich el disgusto de acoplarme en el manillar para llegar a Heartbreak, y empezar a sentir molestias en la espalda, como en el final de la temporada pasada. Es demasiado pronto para empezar a encontrarme con molestias, había conseguido convencer a mi cabeza pero no a mi cuerpo, se resistía a aguantar otra vuelta. Paso todos los kilómetros del llano cambiando de postura en la bici constantemente, y sigue lloviendo.

Por fin llego a la mítica Heartbreak Hill, cuantas imágenes de este lugar y ahora estaba allí. Te sube la adrenalina, ves gente animando, la música a tope y todos en fila de a uno subidos en el manillar, sacando fuerzas de donde no las hay. Yo deseaba ver al equipo para oír sus ánimos y saber que ellos también estaban bien A pesar de todo, iba en los ritmos que me había marcado.

En la parte final de la subida, la más emocionante, salen todos los sentimientos que tenia guardados, lloré, lloré de emoción, de formar parte de esta locura, pero también de impotencia de estar meses entrenando y encontrarme tan agotado y falto de fuerzas y ánimo, sólo a media carrera, de pensar en lo que me quedaba. Creo que había subestimado el circuito de la bici desde Madrid.


Llego al final de la subida, aún pasan varios cientos de metros hasta que recupero la normalidad y vuelvo con mis tiritonas. No he visto ni a mama, ni a Daniel, ni a Lorena, que desastre, y sobre todo que soledad sientes estando acostumbrado a oír sus gritos constantemente. Recuerdo que pensé en ese momento: “Ya tengo que acabar la otra vuelta para verlos y decirles lo jodido que está la cosa”. Y dicho y hecho a empezar la otra vuelta, después de pasar por boxes, dan ganas de quedarse.

Los dolores de espalda se hacen casi insoportables, yo creí que seria en el llano de ir acoplado y estaba deseando que llegarán las cuestas para cambiar de posición, pero para mi sorpresa los mayores dolores me esperaban en las subidas. Me suya pasando la gente constantemente, como anda la gente, de todas las edades, chicos y chicas.

Creo que ya me extendido en una sola vuelta, el resumen de la segunda fue: SUFRIMIENTO. No lo había pasado tan mal haciendo deporte nunca, por lo menos paró de llover. En esta vuelta pare más veces de las que quisiera, para estirarme e intentar que la espalda aguantara hasta el final. En una de esas paradas, la anécdota de la bici y el “compañerismo del ironman”. Mientras estoy haciendo pis, se para junto a mi una chica me pide en ingles que le deje la bomba de inflar, ha pinchado. Mientras termino de mear, intenta arreglar la rueda y rompe la válvula del tubular, así que tiene que cambiarlo entero, menos mal que pasaba una pareja de suizos y se acercan a ayudar. Yo tenía las manos heladas y no se cambiar un tubular, así que era de poca ayuda. Pero para más sorpresa no tenia ni los desmontadores para arreglarlo. La gente es una inconsciente, se monta en la bici de un ironman sin herramientas ni bomba.

El descanso me vino bien para tener unos minutos los riñones estirados. Poco después me quito el chubasquero improvisado, sólo aguanto dos kilómetros, no llueve pero estoy helado, así que me lo vuelvo a poner. La cuesta misteriosa y desconocida, bueno ya no tanto, estaba por llegar. No tenía desarrollo en la bici para como iba de cansado y era consciente de ello, reserve el último piñón todo lo que pude. En las primeras cuestas me vi sin posibilidad de cambio y completamente atascado, hubo momentos que creía que ponía el píe a tierra. De lado a lado de la carretera conseguí coronar, estaba roto. Ahora las cuestas del 15%, pero cuesta abajo y aún mojado, así que quemando freno, tanto que llegue a pararme y limpie las llantas de los restos de goma y suciedad para no tener sustos. Sin darme cuenta ya estaba en el llano rodeando el lago para emprender Hertbreak por segunda vez.

Kilómetros interminables en el acople hasta llegar a Zurich, pasando por el circuito de la maratón, ya lleno de gente corriendo y a mi me quedan 20 km. La subida a Heartbreak Hill la comienzo con toda la filosofía del mundo, se que una vez coronada esta casi todo hecho. Y a pie de cuesta veo a Daniel y a mama, joder después de 7 horas, los veo ya se que no se “han retirado” y por donde ellos estaban situados y luego me entere, no tenían claro que yo no lo hubiera hecho. No cumplía ni de lejos los pronósticos y esto les asustó. A gritos, desde lejos, con toda la ansiedad acumulada, mama en un lado de la carretera haciendo el amago de seguirme y Daniel sin amago alguno se pone a mi lado y oda la cuesta es un ciclista más, corona conmigo, son todo palabras de ánimo, pero yo voy roto no puedo evitar decírselo. Me paro en la cima para por lo menos disfrutar de unos segundos de apoyo. Mi comentario creo recordar que fue “la maratón la empiezo andando y ya veremos” o algo similar. Daniel me dijo que me lo tomara con calma quedaban muchas horas. A ellos les quedaba coger el autobús para bajar a boxes, a mí bajar en bici y unos últimos kilómetros eternos. La zona de la espalda dormida y para ser sinceros poco emocionado, estaba deseando que acabara para empezar la maratón y ver como respondía el cuerpo. Sólo una cosa más antes de dejar Heartbreak Hill, a Lorena no la vi hasta la carrera, vaya día torcido, o casi todo. Habían estado más de seis horas esperando, la mayor parte bajo la lluvia, y ya me han acostumbrado a que cuando no les veo es muy diferente, falta algo.