En el agua no eres consciente que llueve y en el horizonte parecía que se abrían claros, la moral se empieza a recuperar, por poco tiempo, el justo en acabar la vuelta. La segunda vuelta es más cómoda, pero tengo dolores en el brazo un poco raros. No pasa nada, esto acaba de empezar y estoy metido otra vez metido en un ironman. Es increíble lo rápido que pasa la natación, cuando los entrenamientos son tan aburridos.
Y pongo pie a tierra y la lluvia en la cara me hace despertarme del sueño, llueve con más fuerza que cuando empecé. Esto va a ser duro. Llego a mi bici en boxes y me doy cuenta que no ha ido mal, aun quedan muchas bicis y poca gente en boxes. Pero algo a lo que le tenia cierto reparo antes de llegar a Zurich y creo que deben mejorar claramente, es tener que cambiarse de ropa fuera de una tienda o carpa sin tranquilidad y tirado en el suelo. En esta ocasión la lluvia empeora todo, no puedes ni sentarte y la ropa hay que ponérsela a la vez que te secas. Creo que esto fue el motivo para que me encontrara un poco mareado durante la transición. Le quite el plástico que cubría la bici y rumbo a la carretera.
No he terminado de montarme en la bici, con malliot, manguitos y un chubasquero guardado, cuando ya tenía los pies empapados. Pensé, y me quedan 180 km. En la transición y en la salida de la bici no he visto ni oído al equipo, pensé que habrían tenido algún problema para moverse con el volumen de gente que había. Que equivocado estaba, luego me entere que lo habían visto todo y gritado como nunca, yo no los vi, sería el cabreo por la lluvia. No podían fallar.
Hasta el kilómetro 30 no estaba el primer avituallamiento y tenía unas ganas tremendas de hacer pis y estando en Suiza se sabía como verían eso de pararse en la cuneta, así que a aguantarse. Yo decido mantener un ritmo suave, a velocidad constante, pero he debido salir muy adelante del agua o ir muy lento en la bici, me pasa constantemente gente, todos acoplados en grupos, parezco un seiscientos en un circuito de formula 1. Pero yo a lo mío, queda mucho y estoy congelado con la lluvia. Las manos están arrugadas del agua y los dedos están un poco insensibles hasta el punto de tener algún problema para cambiar de marcha. Los kilómetros pasan, todo llano, y por fin llega el 30. No necesito nada del avituallamiento, pero si pararme, aunque para mi sorpresa no veo donde, no hay caseta. Estos suizos ahorran en todo, así que un kilómetro más adelante me paro en la cuneta y a intentar hacer pis. La imagen que pretendo describir quizás no es “políticamente correcta”, pero refleja mi estado en ese momento. Digo intentar hacer pis porque cuando pare no sentía nada, se me había quedado totalmente insensible por el frío, y lo peor, no conseguía orinar. Estuve cerca de dos minutos, gota a gota sin sentir nada. Lo que pensé mejor no decirlo. Junto en este punto comenzaban las cuestas, no muy acusadas pero se terminaba el llano, que no la lluvia y seguía empapado, si es que quedaba algo por mojar. Así que como me había cogido un chubasquero que habíamos comprado Eva y yo en Irlanda hace cuatro años, y ante la acuciante sensación de frío que iba creciendo, opte por mandar al carajo la aerodinámica. La imagen: una bici con acople y rueda de palos para ir a toda velocidad conmigo montado con chubasquero azul celeste, que parecía una vela contra el viento, eso si, ande yo caliente ríase la gente.
Lo cierto es que empecé a recuperar un poco el calor, aunque en algunas bajadas tiritaba de frío y me castañeaban los dientes. La cabeza da muchas vueltas en esos momentos. Tantas vueltas que en esos pensamientos cuando peor lo pase en toda la carrera, mentalmente quiero decir. Fue cuando más pensé en retirarme, era una sensación frustrante tantos entrenamientos tirados a la basura por un mal día de lluvia. No entraba en calor y me encontraba ya cansado a mitad de la primera vuelta. Durante muchos kilómetros rodé con la idea llegar hasta donde estaba el equipo, para poder avisarles y una vez allí retirarme. No podía más y la cabeza, como he dicho, da muchas vueltas.
Y fue en esos momentos cuando, llego lo que parecía la puntilla. Durante muchas semanas me había estudiado el perfil de la carrera, siempre había leído sobre el “Heratbreak Hill” como punto clave, en cuanto a cuestas. De echo fue la única zona que entrene los días previos para comprobar si tenía suficiente desarrollo en la bici. Y fue justo dos días antes de la carrera cuando oí de otra cuesta, “The Beast”, esta si que no la conocía. Por lo menos sabía en que zona estaba, pero la subestime. Cuando llegue a este punto fui conservador y empecé con una marcha ligera, lo que no sabia era que la huestecita era de unos 4-5 km y cada vez se volvía más complicada, con lo que me quede sin cambios antes de la mitad y lo pase un poco mal. El único consuelo era que estaba en la primera vuelta y aún hay fuerzas. Pero y si llegaba la segunda, lo pasaría mal. Por fin pasó, lo que reafirmaba mi opción de retirarme. De aquí a la otra cuesta, eran subidas y bajadas con mayoría de llano.
