miércoles, 25 de febrero de 2009

Ironman Zurich 08 (Parte 2)




Y llegó la salida, pistoletazo y todos pasamos de la posición vertical a la horizontal, lo que genera un problema de espacio para poder empezar a nadar. Lo que intento es buscar un hueco, pero parece imposible y no hay una trayectoria más limpia que otra. Así que aprieto un poco más de lo deseable. Consigo nadar la mayor parte del tiempo sin golpes, recuerdo que únicamente en la primera boya hubo algo más golpes para poder girar. Sin mucho cansancio pero agua dentro del neopreno, se termina la primera vuelta y paseito por una pequeña isla abarrotada de gente, gritos y ánimos, no importa que no te conozcan. Y al agua otra vez sólo queda una vuelta.



En el agua no eres consciente que llueve y en el horizonte parecía que se abrían claros, la moral se empieza a recuperar, por poco tiempo, el justo en acabar la vuelta. La segunda vuelta es más cómoda, pero tengo dolores en el brazo un poco raros. No pasa nada, esto acaba de empezar y estoy metido otra vez metido en un ironman. Es increíble lo rápido que pasa la natación, cuando los entrenamientos son tan aburridos.

Y pongo pie a tierra y la lluvia en la cara me hace despertarme del sueño, llueve con más fuerza que cuando empecé. Esto va a ser duro. Llego a mi bici en boxes y me doy cuenta que no ha ido mal, aun quedan muchas bicis y poca gente en boxes. Pero algo a lo que le tenia cierto reparo antes de llegar a Zurich y creo que deben mejorar claramente, es tener que cambiarse de ropa fuera de una tienda o carpa sin tranquilidad y tirado en el suelo. En esta ocasión la lluvia empeora todo, no puedes ni sentarte y la ropa hay que ponérsela a la vez que te secas. Creo que esto fue el motivo para que me encontrara un poco mareado durante la transición. Le quite el plástico que cubría la bici y rumbo a la carretera.


No he terminado de montarme en la bici, con malliot, manguitos y un chubasquero guardado, cuando ya tenía los pies empapados. Pensé, y me quedan 180 km. En la transición y en la salida de la bici no he visto ni oído al equipo, pensé que habrían tenido algún problema para moverse con el volumen de gente que había. Que equivocado estaba, luego me entere que lo habían visto todo y gritado como nunca, yo no los vi, sería el cabreo por la lluvia. No podían fallar.

Hasta el kilómetro 30 no estaba el primer avituallamiento y tenía unas ganas tremendas de hacer pis y estando en Suiza se sabía como verían eso de pararse en la cuneta, así que a aguantarse. Yo decido mantener un ritmo suave, a velocidad constante, pero he debido salir muy adelante del agua o ir muy lento en la bici, me pasa constantemente gente, todos acoplados en grupos, parezco un seiscientos en un circuito de formula 1. Pero yo a lo mío, queda mucho y estoy congelado con la lluvia. Las manos están arrugadas del agua y los dedos están un poco insensibles hasta el punto de tener algún problema para cambiar de marcha. Los kilómetros pasan, todo llano, y por fin llega el 30. No necesito nada del avituallamiento, pero si pararme, aunque para mi sorpresa no veo donde, no hay caseta. Estos suizos ahorran en todo, así que un kilómetro más adelante me paro en la cuneta y a intentar hacer pis. La imagen que pretendo describir quizás no es “políticamente correcta”, pero refleja mi estado en ese momento. Digo intentar hacer pis porque cuando pare no sentía nada, se me había quedado totalmente insensible por el frío, y lo peor, no conseguía orinar. Estuve cerca de dos minutos, gota a gota sin sentir nada. Lo que pensé mejor no decirlo. Junto en este punto comenzaban las cuestas, no muy acusadas pero se terminaba el llano, que no la lluvia y seguía empapado, si es que quedaba algo por mojar. Así que como me había cogido un chubasquero que habíamos comprado Eva y yo en Irlanda hace cuatro años, y ante la acuciante sensación de frío que iba creciendo, opte por mandar al carajo la aerodinámica. La imagen: una bici con acople y rueda de palos para ir a toda velocidad conmigo montado con chubasquero azul celeste, que parecía una vela contra el viento, eso si, ande yo caliente ríase la gente.


Lo cierto es que empecé a recuperar un poco el calor, aunque en algunas bajadas tiritaba de frío y me castañeaban los dientes. La cabeza da muchas vueltas en esos momentos. Tantas vueltas que en esos pensamientos cuando peor lo pase en toda la carrera, mentalmente quiero decir. Fue cuando más pensé en retirarme, era una sensación frustrante tantos entrenamientos tirados a la basura por un mal día de lluvia. No entraba en calor y me encontraba ya cansado a mitad de la primera vuelta. Durante muchos kilómetros rodé con la idea llegar hasta donde estaba el equipo, para poder avisarles y una vez allí retirarme. No podía más y la cabeza, como he dicho, da muchas vueltas.

Y fue en esos momentos cuando, llego lo que parecía la puntilla. Durante muchas semanas me había estudiado el perfil de la carrera, siempre había leído sobre el “Heratbreak Hill” como punto clave, en cuanto a cuestas. De echo fue la única zona que entrene los días previos para comprobar si tenía suficiente desarrollo en la bici. Y fue justo dos días antes de la carrera cuando oí de otra cuesta, “The Beast”, esta si que no la conocía. Por lo menos sabía en que zona estaba, pero la subestime. Cuando llegue a este punto fui conservador y empecé con una marcha ligera, lo que no sabia era que la huestecita era de unos 4-5 km y cada vez se volvía más complicada, con lo que me quede sin cambios antes de la mitad y lo pase un poco mal. El único consuelo era que estaba en la primera vuelta y aún hay fuerzas. Pero y si llegaba la segunda, lo pasaría mal. Por fin pasó, lo que reafirmaba mi opción de retirarme. De aquí a la otra cuesta, eran subidas y bajadas con mayoría de llano.

lunes, 23 de febrero de 2009

Ironman Zurich 08 (Parte 1)

Daniel esta demasiado ocupado y ya hemos tardado en contar nuestra segunda experiencia en un Ironman.

A pasado más de un año y me veo de nuevo escribiendo sobre las sensaciones y todo lo ocurrido en otra locura, otro Ironman pero esta vez en Suiza, el Ironman de Zurich.
Lo primero que hay que contar es:

“SOY UN IRONMAN…OTRA VEZ”.

Después de meses de entrenamiento al borde de la lesión, muchas dudas de poder siquiera estar en la salida, de la climatología durante toda la carrera, de haber soñado durante años y ya van dos; pero sobre todo haber contado con el apoyo de casi todo el equipo, de tener a Eva colgada de Internet todo el día y al otro equipo en la sombra, los compañeros de Daniel, lo conseguí.

Lo mejor es intentar describir todo lo que sucedió y paso por mi cabeza durante tantas horas.

“4:15 de la mañana, me despierto con el sonido del despertador, lo que es buena señal porque quiere decir que estaba dormido y no pendiente de la incesante lluvia que no ha parado desde ayer por la tarde, pero el pronóstico dice que sólo serán tormentas (no me acordare veces durante todo el día de los del pronóstico). Me visto para despertarme lo antes posible, empezar a activarme y recoger en recepción del hotel el desayuno que amablemente nos dan a las 4:30 de la mañana. Para mi sorpresa tienen café y te caliente, como lo agradezco. Me subo todo a la habitación: un zumo, un sándwich de jamón y un te. Organizo los últimos detalles de las bolsas con la ropa para todas las circunstancias posibles. A diferencia de Lanzarote aquí no te guardan la ropa, la tienes que dejar en boxes con la bici, todo junto como si fuera un sprint. Aparecen Daniel y Lorena, con una cara de sueño difícil de disimular, pero para ellos también va a ser un día duro, mama ya estaba despierta. Por supuesto ellos no tienen estomago para desayunar. A las 5:00 tenemos que estar en recepción porque tenemos un taxi para ir a la salida. Puntualidad suiza, nos están esperando y yo con mis bolsas y el resto del equipo con su comida, cámaras y ponchos para el agua, nos vamos. En ese momento no tenía muy claro a donde, estaba lloviendo, frío, de noche y por el camino nos cruzábamos con la gente aún de fiesta.

En este punto he de decir que odio la lluvia y más si hago cualquier tipo de ejercicio.

Llegamos a la zona de transición, la gente se resguarda como puede del agua, debajo de los árboles, con bolsas para tapar bicis, chubasqueros improvisados. Sorprendentemente me seguía planteando que hacia yo allí, pero a la vez no dudaba que lo iba a intentar, me lo debía y se lo debía a todo el equipo. Seguí con la rutina de cualquier carrera, intentando colocar todo de tal manera que nada se mojara con bolsas cerradas, hasta colocar los geles en el cuadro era una odisea para que se quedaran pegados, mientras yo estaba empapado debajo de un poncho moviéndome como podía.


Si al silencio de los boxes de un Ironman, le añadimos la sensación de la lluvia sobre nosotros nos queda un extraño sentimiento muy parecido al miedo, con los corazones disparados y las miradas clavadas al suelo, evitando cruzarte con la gente, te ausentas o por lo menos lo intentas. Mi tiempo en boxes es mínimo, lo que lamento, porque me gusta disfrutar de esos momentos, creo que es una parte muy importante de un Ironman, donde se siente el verdadero espíritu de esta carrera.

Cojo el neopreno y nos vamos a la carpa comedor que hay cerca de boxes para estar cubiertos. Aún son las 5:40, demasiado pronto. En la carpa nos congregamos unos cuantos incautos. Estábamos todos un poco asustados, pero me di cuenta que las miradas de todos los acompañantes no eran más optimistas que las nuestras. Por lo menos Daniel se lo paso muy bien viendo a un “enfermo” calentar como si fuera a correr un triatlón sprint y quedaba más de una hora para salir. Yo ya no sabía como sentarme ni que hacer.


A las 6:15 me doy cuenta que tengo que ir a boxes a dejar las zapatillas de correr, así que para no mojarme más me pongo el neopreno, con todo su ritual pero en esta ocasión en lugar de protector solar, me pongo la crema de calentamiento para evitar el frío. A boxes voy yo solo con mama. Dejo las zapatillas bien tapadas para que no se mojen y corriendo a la salida porque al final como siempre son prisas.

Fue todo un poco extraño, de repente se acelero todo y grupos ingentes nos dirigíamos a la salida bajo la lluvia, casi sin luz. Primero dejo la mochila en el “guardarropa”, tirada en el suelo sólo tapada por unos plásticos y tengo que confiar que mi ropa se mantenga seca para después de la carrera, estos suizos me parecen poco previsores. Por el camino llamo a Eva. Me lo coge rápido, estaba esperando. Unas palabras de ánimo y mucha suerte. Ya no podré hablar con ella hasta dentro de 12-13 horas, pero quedamos en que sea siendo un Ironman.

No habíamos llegado a la salida y oímos el pistoletazo de salida, el pánico se extiende entre todos, pero eran los profesionales que salían cinco minutos antes. Aún así, sin casi despedirme, un beso al equipo y rápido al agua porque la salida era desde dentro. Más de 2000 personas metidas en el agua, chapoteando con la mirada fija en la primera boya, a unos 500. Después de Lanzarote y alguna otra carrera le he cogido confianza a la natación y me quitó los nervios de encima, si es que había alguno, porque miedo mucho. Me sitúo delante con más voluntad que certeza de que este es mi sitio.