miércoles, 2 de diciembre de 2009

La Aventura de Clearwater (parte 3 y final)


Los kilómetros pasan, entre sorbito de gatorade y gel, pelotón aquí, pelotón allí. En la parte final, en plena autovía adelanto a varias personas de mi misma edad o similar, yo me encontraba muy bien de piernas a velocidades por encima de 40 km/h, pero resulta frustrante que varios kilómetros después, estas mismas personas iban a cola de un grupo haciendo una contrarreloj por equipos. Siendo un campeonato del mundo es la carrera en la que más flagrante ha sido el drafting. Recuerdo a un tal Riccitello dos días antes amenazando a todo el mundo con la gran cantidad de penalizaciones que se iban a mostrar…vergonzoso.

Los últimos diez kilómetros discurren por una zona de calles con un asfalto pestoso y lleno de baches, ponerse en el acople es jugársela para romper el manillar.

Afronto la última subida al puente, deseando bajarme de la bici para comprobar como responde la pierna derecha en la carrera a pie. Estos últimos kilómetros los sigo haciendo con mucha tranquilidad y viendo como en el circuito a pie ya hay mucha gente corriendo, no tengo ni idea del tiempo que he hecho ni de la media de velocidad. Llego a la última rotonda que da acceso a boxes y veo a todo el equipo animando a grito pelado. Durante muchos kilómetros de la bici me acorde de ellos, y que cuando les viera haría como si todo fuese bien, que sólo era un arañazo, así que levanto el dedo de que todo va bien, además como paso por el lado que tengo sano, ni se dan cuenta de las heridas.


Llego a la entrada de boxes y un voluntario de recoge la bici, por fin pongo pie a tierra y cada zancada es una pequeña punzada en la cadera, se soporta pero aún quedan 21 km. Cojo mi bolsa con las zapatillas y entro en la carpa, que esta vez está más tranquila, me calzo con tranquilidad y decido no quitarme los manguitos que tengo para el sol, principalmente para no dejar al aire las heridas del codo. Con todo listo y la gorra puesta a por la última etapa.

Intento ir a un ritmo suave pero continuo. Yo salgo a correr y ya hay gente que entra a meta, no me queda…

A lo lejos veo a Eva, Daniel y mama, emocionados, animando, yo no paro de darle vueltas a la cabeza de que cuando llegue a su altura debo tranquilizarlos, pero cuando estoy casi a su altura y se dan cuanta de lo que me he hecho, ellos se quedan mudos y yo bajo el ritmo pero no puedo articular palabra y tengo que agachar la cabeza para que no noten más aún mi decepción y lágrimas. Tras unos segundos los gritos de ánimo se vuelven más fuertes y los dejo a mi espalda, como si fueran el resorte que me empuja a seguir corriendo. Luego me contaron el verme correr fue lo que les tranquilizo y lo que todo el mundo de alrededor les dijo “si corre es que todo va bien”.



Bien, bien hasta cierto punto. El calor esta siendo ya bastante fuerte y me da miedo refrescarme con agua por el cuerpo para que no se mojen las heridas. La mejor opción es ponerme una esponja en la nuca, así que hago toda la carrera con el cuello fresco. Los primeros kilómetros, y la primera subida al puente, quizás son los más duros porque el dolor es más fuerte y me cuesta coger un ritmo cómodo. El circuito es casi plano con bastantes avituallamientos, pero sin lo que habían anunciado que tendrían, los geles son todos de sabor chocolate y sólo de pensar en el sabor se me revuelve el estómago, menos mal que me guarde dos de la bici, que son los que me tomé corriendo, más otro que conseguí de fresa, debe ser el último que les queda. Y un poco más de gatorade, porque el agua que dan esta asquerosa, con un sabor vomitivo.

Pasan las millas, que gran ventaja de medida, todo parece que pasa más rápido. Ya estoy de vuelta y veo otra vez al equipo, y como no, animando. Esta vez ya no me emociono tanto y simplemente ando un poco para disfrutar del momento. Doy la vuelta y ya no les vuelvo a ver hasta la meta. Otro poco andando, no tengo prisa, a estas alturas ya voy corriendo casi sólo con veteranos y da la falsa impresión de que adelanto a mucha gente.


Los recuerdos de toda la carrera y sobre todo la segunda vuelta, son muy fugaces ya que la hice un poco autómata desando terminar. Sin darme cuenta y sin los dolores de rodilla que había tenido las últimas semanas llego a la parte final y enfilo la línea de meta, muy frío, nunca pensé que apenas sentiría emoción por finalizar un campeonato del mundo, pero creo que había entrenado mucho como para limitarme a intentar acabar. Eso si, orgulloso a pesar de todo y cruzar la línea de meta. Primero veo a Daniel gritando y a unos metros a Eva y mama con el collar de plástico en la mano, pero ni lo cojo, no estoy con mucho espíritu.


Termine por fin, medalla, gorra y toalla de finisher y directo a ver al equipo, para contarles todo lo sucedido. Lo único que recibo son felicitaciones por haber acabado en estas condiciones, besos, abrazos. Lo siguiente, visitar el servicio médico, que apenas se limita a limpiar un poco las heridas. Cuanto menos otro aspecto decepcionante. Lo que sigue en las siguientes horas y días son curas y más curas con bastante dolor entre ellas.

Mi conclusión, y quizás un poco condicionada por la caída, es que es una carrera que el simple echo de clasificarse ya es un logro, pero que podría ser realmente bonita si no fuera por ciertos detalles de carrera de pueblo y principalmente porque el drafting es un serio problema que se carga esta carrera.

Por otro lado y como no puedo olvidarme del motivo que me ha llevado a acabar un poco magullado, pero orgulloso, es el FELTD Team:

Eva
Daniel
Y mama que estuvieron animando luego curando las heridas con tanto cariño.
Y a Lorena que desde casa animo como si estuviera con todos.

Muchas gracias a todos.

Cual será la próxima locura, mi cabeza ya está dando vueltas



martes, 1 de diciembre de 2009

La Aventura de Clearwater (parte 2)

Todo listo. Fuera de boxes y a esperar hasta las 7:30 que es mi salida. Nos sentamos en un bordillo a ver a la gente entrar en boxes. Pasa el rato con alguna visita al baño y empiezo a ver a la gente ponerse el neopreno, aunque me queda una hora, subcoscientemente empiezas a agobiarte y tienes que ponértelo tú también. Antes una pequeña carrera para despertar las piernas y comienzo el protocolo de cremas y meterme en el neopreno, que cada vez parece más complicado, serán las hamburguesas de Miami.

Al haber cambiado el lugar de la natación, la salida es de uno en uno, por lo que nos ordenan por salidas y a esperar que nos llegue el turno. La espera se hace muy llevadera con todos apoyando desde el otro lado de la valla.


Y llega la hora, gorro, gafas, un beso a todos y al agua. Al ser la salida individual no hay que hacer un sprint para coger sitio, así que empiezo a un ritmo sostenido pero algo duro. No termino de encostrarme a gusto, pero aún así voy adelantando gente continuamente, lo que añadido al sol de frente resulta molesto para orientarse con las boyas. Salvo algún golpe aislado, todo va más o menos bien. Cuando enfilo la última recta el volumen de gente se vuelve muy molesto, con muchas mujeres veteranas, justo cuando me voy encontrando mejor, pero no consigo un ritmo uniforme y se me hace muy largo llegar al final. Por fin, rampa y de uno en uno a los boxes. Cuando salgo veo a un montón de voluntarios ayudando a gente tendida en el suelo a quitarse el neopreno, demasiado jaleo, sigo adelante y ya me lo quitaré en la carpa.



Recojo mi bolsa de ropa, tirada en el suelo, otro detalle pobre de una carrera como esta. En la carpa el jaleo es tremendo pero tienes a un voluntario pendiente de guardarte todo. Calcetines, manguitos nuevos para el sol, gafas y un poco mareado salgo corriendo a por la bici, de momento todo va bien, que poco duraría la ilusión. A lo lejos oía los gritos de mama, Eva y Daniel, pero no los localice. Por una vez y sin que sirva de precedente me monto en la bici a la primera, los pies entraron perfectamente en las zapatillas y no perdí tiempo.


Ahora 90 km de acople y velocidades por encima de 35-40 km/h. Pero antes hay que subir a pequeña rampa del Causeway Bridge que conecta las playas con Clearwater, y por supuesto bajarlo. El carril es muy estrecho, justo para dos personas en paralelo manteniendo una distancia de seguridad. Pero acabando la bajada alguien considera que hay sitio para tres y no puede esperar a que yo termine de adelantar a una veterana. Al grito de “on your Leith” y sin tiempo de reacción veo por el rabillo del ojo a alguien que se pega y se engancha con mi manillar para evitar los conos. En vez de evitarme se echa contra mí. Lo siguiente es arrastrándome por el asfalto por el costado derecho a más de 40 km/h y haciendo de colchón de una gilipollas con prisas y mucha irresponsabilidad. Lo primero que hago tras levantarme y sin ver como estaba mi cuerpo, es ir a por ella para increparle su actitud, primero en ingles y luego ante la desesperación de haber tirado por el suelo, nunca mejor dicho, los entrenamientos de tantos meses, continuo en español insultándola y llamándola loca. En frio y días después de todo esto lo que más me alucina es la actitud de esta impresentable austriaca que no se preocupó para nada de cómo me encontraba y siguió la carrera como si no pasará nada, eso es el “espíritu” ironman, aún recuerdo los 10 minutos que estuve en Lanzarote con el chico que se cayó delante mío.

No se la distancia que recorrí por el suelo, pero cuando me preocupe primero por mi y luego por la bici, comprobé que debió ser bastante. La bici tenía todo arañada, la maneta del freno, el manillar, el pedal y el portabidones trasero se había partido, por lo menos el cuadro no había tocado el suelo.


Lo mío era otra historia. Con la atención inmediata de un policía y varios espectadores y voluntarios, voy descubriendo las heridas de rodilla, brazo, hombro, mano y cuando subo el culote roto, la de la cadera que es la que más duele por el golpe, no por la herida. Tras moverme un poco y comprobar que no hay nada roto, decido que intentare seguir, tengo que acabar y es que en este momento pasan por la cabeza las horas de entrenamiento y sobre todo la imagen de Eva, Daniel y mama esperando en meta, con todo el sacrificio que ha supuesto también para ellos llegar hasta aquí.

En la caída la cadena se ha salido y no se como se ha quedado hecha un ocho, con los nervios no consigo enderezarla, así que tardo un tiempo, pero con ayuda. He de decir que la atención del policía fue inmejorable, con preguntas continuas sobre como me encontraba y una línea abierta por radio con la ambulancia por si decidía retirarme y necesitaba asistencia médica. De todas formas una voluntaria que me ha oído insultar a la innombrable, se dirige a mi en castellano y me pregunta si necesito ayuda médica; a lo que le respondo que si puede limpiar un poco las heridas, lo que hace con suero y una gasa. Por cierto, menos mal que tenía bañador debajo del culote, porque este se rompió, no se como, por la ingle y se me hubiera visto todo o no podría haber continuado.

Después de no se cuantos minutos, me monto en la bici y reanudo la carrera con la idea muy clara de simplemente acabar, ya que no se como responderá mi cuerpo, sobre todo en la carrera a pie. Al empezar a pedalear y levantarme en la bici noto unos chasquidos muy molestos en la cadera que al principio me asustan, pero cuando me acoplo desaparecen y “sólo” se queda el dolor. Menos de un kilómetro después tengo que volver a parar, la bici va completamente frenada, intento ajustar la rueda pero en esta primera intentona no lo debo hacer bien, porque tengo que parar dos veces más y en la última tomar la decisión de ir casi sin freno trasero, al tener que aflojarlo entero.

El resto de la bici se resume a sufrir, no por el cansancio, sino por el dolor de la cadera. El resto de las heridas no las noto mucho, pero el golpe en el costado lo siento a cada pedalada y sobre todo cuando me incorporo en las contadas ocasiones que hay una pequeña pendiente en un circuito completamente plano. El intentar acabar y no forzar nada es frustrante después de tantos kilómetros de entrenamiento, pero me permitió ver la carrera desde otra perspectiva. Yo solo adelanto gente veterana de las salidas anteriores a la mía, en cambio a mi me pasan auténticos pelotones de chicas y chicos juntos, todos acoplados creando situaciones realmente peligrosas. La mayoría de corredores tienen la costumbre de nada más adelantar meterse a la derecha sin respetar un mínimo de distancia de seguridad, con lo que después de la caída aún tengo algún susto, incluso insulto. Con una chica que me adelanta a rueda de un grupo de chicos llegue a recriminarle su actitud. Por supuesto, consciente de lo que hacia, pasó de mí. Creo que esta carrera tiene un serio problema con el tema del drafting, no vi ni una sola moto controlando y no se que hubiera podido hacer yo si me hubiera encontrando bien para poder disputar la carrera.



lunes, 30 de noviembre de 2009

La aventura de Clearwater (parte 1)



Todos conocemos ya el resultado de esta historia, el final de una aventura que comenzó ya hace unos cuantos meses, fue en agosto de 2008 cuando me di cuenta que la posibilidad de clasificarse para el campeonato del mundo de 70.3, o lo que es lo mismo, medio Ironman, era posible si forzaba un poco más en los entrenamientos, ya que creo que esta es mi distancia ideal.

Y la clasificación llegó en una carrera casi perfecta en cuanto a organización, el 70.3 de Wiesbaden en Alemania. Para mí, la carrera más dura de mi vida. En cuanto a ritmo, creo que fui con sensación de sufrimiento desde los 100 m iniciales de la natación, pero el resultado mereció la pena, con todo el equipo certificando el objetivo del año.

La clasificación para el campeonato del mundo estaba conseguida y había que ir organizando la excursión a Miami y Clearwater. Al principio sólo Daniel y yo, luego mama y el último día Eva. La pena es que desde el principio sabíamos que Lorena no podría acompañarnos. El FELTD Team se quedaba un poco cojo.

Una vez en Estados Unidos la aclimatación iba perfecta, sin problemas y muchas hamburguesas, que aún no tocaba pasta. La incertidumbre estaba en la tormenta tropical Ida, que estaba en el Golfo de Méjico y no daba buenos pronósticos, sobre todo de viento. Para la compañía esto supuso no pisar la playa sólo para pasear. Como ya ha contado Daniel, esto incluso obligó a cambiar la natación de lugar, de mar abierto a una zona de puerto cerrada.

Los antecedentes de toda esta historia darían para muchas hojas, pero lo que realmente me apetece es contar todo lo que sentí y ocurrió el día que conseguí finalizar el Campeonato del Mundo 70.3, pese a todo lo que luego contare.

Día de la carrera:

El despertador suena a las 4:00 de la mañana para desayunar algo, un plátano, dos magdalenas de arándanos y un café made in USA, que malos están. Al resto del equipo no parece haberles costado mucho levantarse, y es que tenemos que salir pronto porque hay que coger un autobús que nos deja en la salida, que aparcar en la zona es imposible.

A las 5:00 estamos montándonos en un autobús con unos pocos más para cruzar desde Clearwater a la zona de la playa. Pocas palabras y mucho sueño. Nervios pocos, uno se va acostumbrando ya a estas situaciones, lo único, miedo a ver como respondían las piernas a los dolores tan persistentes del último mes y a no haber nadado en más de diez días. En quince minutos estamos enfilando la calle para entrar en boxes y hacer el correspondiente marcaje de números. Es de noche cerrado. Hay mucha gente pintando, así que no tardo nada, a mi me han marcado con rotulador y a otros, como tantas veces he visto por televisión, con sellos y tinta.
Creo que somos de los primeros, porque cuando llego a la bici, no hay casi ninguna preparada. Seco el cuadro y el sillín y a hacer los últimos preparativos: hinchado de ruedas y pegar los geles al cuadro para aguantar la paliza que me espera. Llevo más de los normales por si acaso hace mucho calor, que es lo que parece que vamos a tener sin casi viento. Los boxes son bastante cutres para la carrera que es, mi bici no cabe por debajo de donde va enganchada y tengo que inclinarla tanto que doy a las bicis de al lado.


lunes, 16 de noviembre de 2009

Foto mala, Foto buena

Os pongo como anticipo las dos fotos que resumen el post anterior. Aunque esté sonriendo yo creo que es más por los efectos de la adrenalina de haber acabado la carrera.

Al llegar al hotel y repasando las heridas de guerra



Para todos nosotros, independientemente del tiempo y puesto, es el campeón


Ahora a desayunar y camino del aeropuerto. A la vuelta en Madrid subiré fotos y Fer cuando tenga tiempo y ganas nos contará sus aventuras de la carrera.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Malas y buenas noticias

Pues eso que hay malas y buenas noticias. Como a mi me gustan los postres dulces empiezo por las malas. Fer se ha caído en el km 3 de la bici, en realidad no se ha caído, le han tirado. Una amable austriaca le ha intentado adelantar en una bajada mientras él iba adelantando a otro y le ha enganchado el manillar con lo que los dos al suelo. Ya lo contará él con más detalle pero 87 kms en bici y una media maraton con el hombro, codo, cadera y rodilla en carne viva sangrando no parecía el mejor de los planes...

El postre... echándole un par ha decidido tirar para alante y se ha metido 87 kms con la bici frenada, con dolores y sangre y se ha bajado a correr media maratón terminando así el mundial de 70.3 Ironman de Clearwater. Hay que llegar aquí clasificandose pero más mérito acabarlo en esas condiciones.

Esta noche o mañana alguna fotillo y a la vuelta su crónica de la carrera.

Ahora a curarse, ya que la atención médica de la carrera ha sido patética, y mañana al outlet de Orlando de compras.

Saludos a todos

Llegó la hora


Como dice el título del post... llegó la hora. Aquí ahora mismo son las 20:00 y ya estamos preparados para la carrera de mañana. El tiempo ha seguido revuelto todos estos días hasta el límite de que la organización del 70.3 Ironman se ha visto obligada a cambiar el recorrido de la natación. Se nadará en la parte del puerto del Golfo de México en vez de en la playa. Parece una decisión sensata viendo las mareas y corrientes pero le quita parte del encanto.

El caso es que ya está todo listo: la bici durmiendo en los boxes acompañada por otras casi 2000 más, la ropa en sus respectivas bolsas de transición, geles, barritas, bidones y, sobretodo, los nervios a flor de piel.

Mañana esperamos informar con buenas noticias de que la carrera haya ido bien. Se puede seguir a Fer desde www.ironman.com en la parte de track athlete, su dorsal el 1023. Su salida es a las 13:30 hora española. Además han dicho que habrá video en directo retransmitiendo la carrera. Si todo va bien esperamos que esté llegando entorno a las 18:15-18:30 hora española, en ese momento las cámaras de la retransmisión ya estarán fijas en la meta porque ya habrán terminado los profesionales.

Saludos a todos

martes, 10 de noviembre de 2009

Miami Beach



Saludos a todos desde Miami Beach. Como muchos sabéis nos encontramos por aquí porque Fer se clasificó en Wiesbaden para correr el campeonato del mundo de 1/2 Ironman en Clearwater (Florida).

La carrera es el sábado así que estamos aprovechando para cotillear un poco por aquí. Es la primera vez que vengo a los EEUU y esto es como estar constantemente dentro de una película. Yo no se si el resto es así pero Miami Beach es la cuna del frikismo y de la beautiful people. Tan pronto te estas cruzando con una panda super fashion que deja al aparca coches las llaves de su Aston Martin (por decir uno de los millones de cochazos que se ven por aquí) o te cruzas con uno como este:


O a este:


Está de espaldas y parece normal, pero es Julito Iglesias Jr así que muy normal muy normal...

Esto es alucinante... definitivamente volveré, pero esa vez espero no coincidir con un huracán. Aquí llegan los coletazos del Huracán Iday esperamos que para el sábado se haya ido completamente de Florida.

Mañana salimos dirección Clearwater con el coche que hemos alquilado así que espero que conducir por aquí no sea muy complicado. Lo que es el turismo se ha acabado un poco y ya toca empezar a centrarse en la carrera y en prepararla. El domingo... al outlet de Orlando de shopping.

Por cierto, es totalmente verdad la fama de las hamburguesas de aquí, hoy hemos comido sin duda la mejor de nuestras vidas... no volveré jamás aun McDonald's o similar, sería una falta de respeto al paladar y al estómago después de esta.



Saludos a todos y seguiremos informando si es que tenemos wifi en el hotel de Clearwater. Para el que quiera seguir la carrera lo puede hacer desde este link y hacer tracking al dorsal 1023.

Hasta más ver

domingo, 28 de junio de 2009

La nueva MÁQUINA

Despúes de mucho tiempo buscando y dándole vueltas me decidí a comprar la nueva máquina para los objetivos de los próximos meses y años. La marca no podia ser otra que FELT(solo falta la D). Tras un mes de espera llegó de UK y ya la he estrenado, solo le faltan ciertos retoques pero esta es la primera foto, ya vendrán más, esper que en futuras carreras con buenos resultados.

jueves, 5 de marzo de 2009

Ironman Zurich 08 (Parte 5 y final)


Pero ya paso por la zona de mete, última vuelta, me cruzo con un montón de gente que ya entra a meta, que envidia, a mi me queda como una hora en el mejor de los casos. Se me olvidaba mencionar en la vuelta anterior, uno de esos momentos que hace grande estar metido en esta locura. En uno de los tramos que yo bajé el ritmo hasta casi andar, de repente me adelanta una mujer, me fijo y era una señora de por lo menos 60-65 años con un ritmo tremendo, no pude por menos que felicitarla y correr detrás de ella hasta la zona donde estaba el equipo para hacerles ver la capacidad que tiene la gente. Increíble la señora “la número 1” le dije a Daniel.


Volviendo a mi última vuelta, últimos geles para 10 km. Otra vez me veía en la línea de llegada, como si el clima quisiera que me diera prisa, refresco bastante y llovió un poquito. Paso por el punto de la última pulsera, como se agradece, incluso adelantas a gente dejando ver bien alto el brazo donde se ve que en la próxima ya estas en meta.

El equipo pletórico, me cruzo con ellos por última vez antes de la meta, y aún les queda más de media hora hasta que acabe, pero eso les da igual, la emoción lo puede todo, en ellos y en mi. Esta vuelta la disfrute a tope, cada corredor que me pasaba, interiormente me sentía feliz por él, iba más rápido que yo, y a los que pasaba los animaba para que acabasen. Sólo un español desentonaba entre esta sensación del deber cumplido. Tras preguntarme que tal, le comente que ya estaba hecho, daba igual el tiempo final y me contesto que su única preocupación era que no le ganara un compañero de equipo que venia por detrás. Eso no es el espíritu Ironman. Pase de él, yo a lo mío, jodido pero contento. Como ya tenía bien aprendidas las referencias de cada tramo, iba descontándolos, ya era la última vez que pasaba por ellos. El público seguía animando bastante y mucha gente ya volvía de recoger sus bicis para irse a por la merecida ducha. A mi daba igual yo seguía trotando todo lo que podía. Tenia claro que yo entraba corriendo.

Una zona de avituallamiento menos, una curva menos, y por fin enfilo la recta que daba acceso a la meta. Aquí me fijo en las pulseras de los que van conmigo, quiero entrar solo, así que hay que empezar a eliminar “adversarios” para la foto. Al trote voy dejando algunos atrás, pero de resiste uno y yo no estoy para alegrías ni acelerones. Últimos metros, enseño orgulloso mi pulsera al voluntario de la carrera que da paso a la meta o girar para empezar otra vuelta. Esta vez si, yo voy a meta. El señor también hace lo mismo y para mi sorpresa lo hace con dos niños de la mano, así que bajo el ritmo.

Último giro y ya veo la meta, esos últimos metros tantas veces imaginados, y que tantas veces durante la bici pensé que no cruzaría. Al fondo en la grada por fin veo al equipo, Daniel cámara en mano y Lorena y mama a grito pelado, joder es bonito recordarlo. Tantas horas de entrenamiento, de competición y de apoyo de todo el equipo durante meses, para llegar a este momento y disfrutarlo durante unos segundos que pasan como milésimas, pero recuerdas durante años.

40, 30, 20, 10 m y por fin la meta, me espero y con un saltito cumplo por segundo año consecutivo lo que ha sido un sueño y mi ilusión durante muchos años.


Otra vez, si, si quieres puedes:

SOY UN IRONMAN!!!


Nada mas cruzar la meta, muy, muy cansado me tengo que reclinar sobre mis rodillas y en un momento recordar las últimas casi 13 horas para emocionarme profundamente mientras tenía los gritos del equipo de fondo, a penas a 5 metros pero sin poder abrazarlos. Cuando me incorporo me está esperando un voluntario para darme la medalla de Finisher y una toalla que me quite un poco el frío que estaba empezando a tener, iluso de mi le correspondo con un abrazo, pero estamos en Suiza y son más secos que la mojama, sólo quiere quitarme las pulseras de cada vuelta para guardarlas. Pero no es el momento de crítica, sino de disfrutar.

Ya un poco más abrigado paso a la zona de recuperación, pero antes toca la foto oficial con la bien merecida medalla. Y a la carpa de comida, esta llena de Finishers, se respira un ambiente de tranquilidad y del deber cumplido que no se puede describir. Pero yo no tengo no pizca de hambre, cojo algo caliente y rápido fuera para poder ver a todos y es que estaban esperando ansiosos como yo de poder sonreír después de un día muy duro, tanto para mi como para ellos. Estoy realmente contento de haber conseguido acabar con su apoyo después de haber sufrido como nunca lo había hecho sobre la bici. Besos, abrazos y mucha, mucha ilusión, la mía de contar con un equipo como este, y Eva enganchada a mi dorsal, así quise cruzar la meta, que ella también lo viera todo.


Pero todo el calor humano que nosotros desprendíamos el tiempo de empeñaba en enfriar y volvía a refrescar y chispear. Le dejo la medalla a Daniel, que para mi sorpresa después de ir a buscar la mochila con ropa seca y ducharme, me devolvió grabada con los tiempos parciales y mi nombre por detrás. Con una sensación extraña como de “ya está, todota pasado y no me he dado cuenta”, empezamos a recoger todo y sacar la bici de boxes. Yo estoy pletórico como si no hubiera corrido un Ironman, pero me estoy quedando helado y las caras del equipo no son mucho mejores, así que otro año sin ver cerrar la meta. Nos vamos al hotel en autobús con otros Ironman, cualquiera diría que hemos estado casi 13 horas haciendo el loco.

Este año peor tiempo, pero creo que eso no importa, he acabado con un día infernal y una preparación más corta que para Lanzarote. Para acabar el día, como empezó, con una sonrisa de Eva por el teléfono.

Ya en el hotel un poco de fiebre, una pizza y hablar de lo que ha sido nuestra locura, nuestro segundo Ironman, porque es de todos. Todos me aguantáis durante las famosas 24 semanas del plan de entrenamiento, viajáis y pedís vacaciones para formar parte del equipo que estoy seguro nadie tiene.

Muchas gracias a todos, otra vez, otro año…

Eva
Daniel
Mama
Lorena

Y a pensar en la siguiente…

miércoles, 4 de marzo de 2009

Ironman Zurich 08 (Parte 4)

Y por fin en boxes, lejos del tiempo que quería, destrozado físicamente, pero aunque parezca mentira, bastante entero, sería que al dejar de llover y pasar frío ayudó a ver lo que quedaba con optimismo. Pie a tierra, pero aquí no hay voluntarios para recoger la bici, tú como en un triatlón normal, a tu sitio en boxes y cambiarte junto a la bici. En Zurich había decidido correr todo el rato con la misma ropa, en Lanzarote pase frío corriendo, pero la lluvia hizo que cambiara de malliot de la bici a correr, el culote lo mantuve, ya había estado entrenando y quería que toda la carrera FELTD TEAM fuera conmigo cada vez que bajase la mirada y lo viera escrito en la pierna. De píe sin donde sentarse por lo mojado del césped, me cambie. Calcetines secos por fin, zapatillas secas, fuera chubasquero, gorra y a por la maratón. Esto ya me suena, ¿Dónde me he metido?.

Salgo de boxes y me encuentro bien, el dolor de espalda ha desaparecido y las piernas están menos cargadas de lo que esperaba, así que a correr. Si, empiezo corriendo, nada de andar ya tendré tiempo. Lo que no supero es mis frecuentes meadas, ya en el primer kilómetro. Me controlo un poco los ritmos, a casi 5 min/km, un ritmo más que decente. En la primera vuelta de un Ironman todo es nuevo, no tienes puntos de referencia y si te encuentras bien todo pasa rápido. Aún hay mucha gente corriendo y con todos los giros que hay que hacer no hay ni un metro sin gente que te anime, haciendo ruido con el mítico “Superb”, que estuve oyendo casi cinco horas de carrera. Los defectos de no sentirte arropado en las transiciones lo suplías con un ambiente en las calles de Zurich envidiable. Los avituallamientos se repiten cada poco tiempo, en todos tomo algo, en la bici la alimentación no ha ido mal, pero en ese momento pensaba que quizá me había quedado un poco corto de alimento sólido, así que tomo más geles, ya no se cuantos, y algunos frutos secos. Me encuentro bien, pero entre tanta gente un poco “solo”. He visto poco al equipo y casi hasta el final de la primera vuelta no les oigo gritar, gritar de ánimos. A media vuelta te dan la primera pulsera y no al final, inconscientemente te motiva, te ves con una pulserita que quiere decir estas metido en la maratón. Ya me empiezo a encontrar más animado y entro en calor, me bajo los manguitos de la bici que no me había quitado por miedo a que volviera a llover. Y por fin el equipo FELTD en el horizonte, hay que pararse y disfrutar del momento, el comentario inevitable es “la cosa está jodida, pero bien”. Mama insiste en darme los geles que tiene en reserva pero aún queda mucha carrera, mejor guardarlos.


Pasan los metros y sin darme cuenta estoy acabando la primera vuelta y el ritmo se mantiene por debajo de los 6 minutos el kilómetro. Muy optimista, luego lo pagaría, pero verte entre tanta gente, la música y que esta vez quería hacer la carrera a pie sin parar y por debajo de 4 horas, me hizo ir por encima de mis posibilidades.

Pero estar dentro de Ironman por segunda vez hace que te exijas un poco más, pero sin perder la idea de que lo realmente importante es acabar y disfrutar cada segundo y en esto volví a sorprenderme a mi mismo de cómo una vez superada la bici, mi cabeza sólo pensaba en la imagen cruzando la meta y es que estas muchos meses y horas entrenando como para pensar en otra cosa y sobre todo porque esa imagen ya la he visto durante muchas sesiones. Mentalmente ya has visto fotos de la llegada en la que te has situado a ti con todo el equipo al fondo. Cuantas veces habré visto en un año las fotos de Lanzarote. En esta ocasión jugaba con la clave de que en cada vuelta me encontraba con el equipo en 3 o 4 puntos, lo que nos permitía comentar cada poco mi estado anímico. El suyo ya se empezaba a notar cansado y es que yo estuve mojado un buen rato en la bici, pero la imagen de Lorena y mama bajo el poncho de plástico vale más que mil palabras.

Tras la primera vuelta de optimismo, empecé a notar ese extraño impulso de empezar a andar y a ratos trotar. Con los tramos andando me alimentaba un poco más de lo que lo había hecho, notaba un poco de flojera y la cabeza me estaba asustando un poco porque me dolía y la migraña no podía estar lejos. Tome hasta cola para subir el ánimo pero también me subió el estomago, así que rápido de vuelta al “water-power drink” de siempre, con unos buenos geles para acompañar.

La segunda vuelta y parte de la tercera parecía que subía la temperatura y los manguitos me sobraban. Todo seguía igual, un poco andando un poco corriendo y siempre con el incombustible aliento de todo el equipo y digo todo porque ya en este punto empecé a sacar del bolsillo y ver la foto de Eva con el trébol que me había acompañado toda la carrera, estaba seguro que elle también estaba “sufriendo” en casa. A mitad de la tercera vuelta note un “subidón” de fuerza, ahora no se si en mis piernas o sólo en mi cabeza, empecé a correr, con un estilo muy económico pero efectivo, aún recuerdo pasar por delante de Daniel y oírle “ese es el ritmo, sigue así”. Yo seguí así, pero no duró mucho, media vuelta, pare a una de las decenas de meaditas que hice en la carrera y cuando arranque se había ido el subidón. Así que a andar otro poquito.

lunes, 2 de marzo de 2009

Ironman Zurich 08 (Parte 3)

Estaba deseando que llegara el avituallamiento especial, con el frío hay que comer más de lo normal para reponer las calorías que pierdes con el frío. Y en el famoso “Relax Station”, igualito que Lanzarote con los voluntarios dándote la bolsa especial. Aquí yo esperaba una zona acondicionada para estar cubierto y comer lo que tuvieras en las bolsas, y me encuentro con unas mesas en la cuneta de la carretera con cientos de bolsas aciñadas, sin orden de ningún tipo. Bajo la lluvia con la bici en una mano buscando mi bolsa Otro punto a favor de los suizos. Por lo menos la encontré y me metí en el malliot los sándwiches de membrillo para cuando llegara el llano.

Una cuesta, una bajada, un poquito de llano, así pasaban los kilómetros aún con tiritonas, pero poco antes de comenzar la última bajada al llano del lago de Zurich, mi cabeza, aún no se como, dio un cambio en su forma de ver la carrera. No lo olvidare creo que nunca, en medio de una bajada me vi a mi mismo hablando en voz alta, emocionado, acordándome de todo el equipo, sacrificando tantas cosas para esperarme en la meta otra vez como un “finisher”, tantas horas sin ver a Eva durante los fines de semana. Estaba hablando, repitiéndome a mi mismo que si podía, mi nombre un si en mayúsculas, una y otra vez, hasta que me convencí, guarde toda la emoción y decidí intentarlo, no me pararía en Heartbreak Hill, seguiría adelante. Supongo que esto es lo que llaman autoayuda los deportistas de elite, pero es difícil llegar a ello, casi siempre son mayoría los pensamientos negativos cuando estas sufriendo. Sin tiempo de asimilar este momento, me encontré con una bajada al 15% y lloviendo, creo que gaste la mitad de las pastillas de freno, la otra mitad la tenia que guardar para la siguiente vuelta. Y mientras yo parecía un niño con ruedines, la gente me pasaba como si les fuera la vida en ello, yo acojonado y la gente a más de 60 km/h con la carretera empapada.

Y por fin después de pasar un poco de miedo en las bajadas, con varios sustos al frenar en exceso, llegó el llano, me zampo el sándwich de membrillo, lo único sólido en todo el día, en el que pierdo la cuenta de los geles que me llego a tomar. Y con el placer del sándwich el disgusto de acoplarme en el manillar para llegar a Heartbreak, y empezar a sentir molestias en la espalda, como en el final de la temporada pasada. Es demasiado pronto para empezar a encontrarme con molestias, había conseguido convencer a mi cabeza pero no a mi cuerpo, se resistía a aguantar otra vuelta. Paso todos los kilómetros del llano cambiando de postura en la bici constantemente, y sigue lloviendo.

Por fin llego a la mítica Heartbreak Hill, cuantas imágenes de este lugar y ahora estaba allí. Te sube la adrenalina, ves gente animando, la música a tope y todos en fila de a uno subidos en el manillar, sacando fuerzas de donde no las hay. Yo deseaba ver al equipo para oír sus ánimos y saber que ellos también estaban bien A pesar de todo, iba en los ritmos que me había marcado.

En la parte final de la subida, la más emocionante, salen todos los sentimientos que tenia guardados, lloré, lloré de emoción, de formar parte de esta locura, pero también de impotencia de estar meses entrenando y encontrarme tan agotado y falto de fuerzas y ánimo, sólo a media carrera, de pensar en lo que me quedaba. Creo que había subestimado el circuito de la bici desde Madrid.


Llego al final de la subida, aún pasan varios cientos de metros hasta que recupero la normalidad y vuelvo con mis tiritonas. No he visto ni a mama, ni a Daniel, ni a Lorena, que desastre, y sobre todo que soledad sientes estando acostumbrado a oír sus gritos constantemente. Recuerdo que pensé en ese momento: “Ya tengo que acabar la otra vuelta para verlos y decirles lo jodido que está la cosa”. Y dicho y hecho a empezar la otra vuelta, después de pasar por boxes, dan ganas de quedarse.

Los dolores de espalda se hacen casi insoportables, yo creí que seria en el llano de ir acoplado y estaba deseando que llegarán las cuestas para cambiar de posición, pero para mi sorpresa los mayores dolores me esperaban en las subidas. Me suya pasando la gente constantemente, como anda la gente, de todas las edades, chicos y chicas.

Creo que ya me extendido en una sola vuelta, el resumen de la segunda fue: SUFRIMIENTO. No lo había pasado tan mal haciendo deporte nunca, por lo menos paró de llover. En esta vuelta pare más veces de las que quisiera, para estirarme e intentar que la espalda aguantara hasta el final. En una de esas paradas, la anécdota de la bici y el “compañerismo del ironman”. Mientras estoy haciendo pis, se para junto a mi una chica me pide en ingles que le deje la bomba de inflar, ha pinchado. Mientras termino de mear, intenta arreglar la rueda y rompe la válvula del tubular, así que tiene que cambiarlo entero, menos mal que pasaba una pareja de suizos y se acercan a ayudar. Yo tenía las manos heladas y no se cambiar un tubular, así que era de poca ayuda. Pero para más sorpresa no tenia ni los desmontadores para arreglarlo. La gente es una inconsciente, se monta en la bici de un ironman sin herramientas ni bomba.

El descanso me vino bien para tener unos minutos los riñones estirados. Poco después me quito el chubasquero improvisado, sólo aguanto dos kilómetros, no llueve pero estoy helado, así que me lo vuelvo a poner. La cuesta misteriosa y desconocida, bueno ya no tanto, estaba por llegar. No tenía desarrollo en la bici para como iba de cansado y era consciente de ello, reserve el último piñón todo lo que pude. En las primeras cuestas me vi sin posibilidad de cambio y completamente atascado, hubo momentos que creía que ponía el píe a tierra. De lado a lado de la carretera conseguí coronar, estaba roto. Ahora las cuestas del 15%, pero cuesta abajo y aún mojado, así que quemando freno, tanto que llegue a pararme y limpie las llantas de los restos de goma y suciedad para no tener sustos. Sin darme cuenta ya estaba en el llano rodeando el lago para emprender Hertbreak por segunda vez.

Kilómetros interminables en el acople hasta llegar a Zurich, pasando por el circuito de la maratón, ya lleno de gente corriendo y a mi me quedan 20 km. La subida a Heartbreak Hill la comienzo con toda la filosofía del mundo, se que una vez coronada esta casi todo hecho. Y a pie de cuesta veo a Daniel y a mama, joder después de 7 horas, los veo ya se que no se “han retirado” y por donde ellos estaban situados y luego me entere, no tenían claro que yo no lo hubiera hecho. No cumplía ni de lejos los pronósticos y esto les asustó. A gritos, desde lejos, con toda la ansiedad acumulada, mama en un lado de la carretera haciendo el amago de seguirme y Daniel sin amago alguno se pone a mi lado y oda la cuesta es un ciclista más, corona conmigo, son todo palabras de ánimo, pero yo voy roto no puedo evitar decírselo. Me paro en la cima para por lo menos disfrutar de unos segundos de apoyo. Mi comentario creo recordar que fue “la maratón la empiezo andando y ya veremos” o algo similar. Daniel me dijo que me lo tomara con calma quedaban muchas horas. A ellos les quedaba coger el autobús para bajar a boxes, a mí bajar en bici y unos últimos kilómetros eternos. La zona de la espalda dormida y para ser sinceros poco emocionado, estaba deseando que acabara para empezar la maratón y ver como respondía el cuerpo. Sólo una cosa más antes de dejar Heartbreak Hill, a Lorena no la vi hasta la carrera, vaya día torcido, o casi todo. Habían estado más de seis horas esperando, la mayor parte bajo la lluvia, y ya me han acostumbrado a que cuando no les veo es muy diferente, falta algo.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Ironman Zurich 08 (Parte 2)




Y llegó la salida, pistoletazo y todos pasamos de la posición vertical a la horizontal, lo que genera un problema de espacio para poder empezar a nadar. Lo que intento es buscar un hueco, pero parece imposible y no hay una trayectoria más limpia que otra. Así que aprieto un poco más de lo deseable. Consigo nadar la mayor parte del tiempo sin golpes, recuerdo que únicamente en la primera boya hubo algo más golpes para poder girar. Sin mucho cansancio pero agua dentro del neopreno, se termina la primera vuelta y paseito por una pequeña isla abarrotada de gente, gritos y ánimos, no importa que no te conozcan. Y al agua otra vez sólo queda una vuelta.



En el agua no eres consciente que llueve y en el horizonte parecía que se abrían claros, la moral se empieza a recuperar, por poco tiempo, el justo en acabar la vuelta. La segunda vuelta es más cómoda, pero tengo dolores en el brazo un poco raros. No pasa nada, esto acaba de empezar y estoy metido otra vez metido en un ironman. Es increíble lo rápido que pasa la natación, cuando los entrenamientos son tan aburridos.

Y pongo pie a tierra y la lluvia en la cara me hace despertarme del sueño, llueve con más fuerza que cuando empecé. Esto va a ser duro. Llego a mi bici en boxes y me doy cuenta que no ha ido mal, aun quedan muchas bicis y poca gente en boxes. Pero algo a lo que le tenia cierto reparo antes de llegar a Zurich y creo que deben mejorar claramente, es tener que cambiarse de ropa fuera de una tienda o carpa sin tranquilidad y tirado en el suelo. En esta ocasión la lluvia empeora todo, no puedes ni sentarte y la ropa hay que ponérsela a la vez que te secas. Creo que esto fue el motivo para que me encontrara un poco mareado durante la transición. Le quite el plástico que cubría la bici y rumbo a la carretera.


No he terminado de montarme en la bici, con malliot, manguitos y un chubasquero guardado, cuando ya tenía los pies empapados. Pensé, y me quedan 180 km. En la transición y en la salida de la bici no he visto ni oído al equipo, pensé que habrían tenido algún problema para moverse con el volumen de gente que había. Que equivocado estaba, luego me entere que lo habían visto todo y gritado como nunca, yo no los vi, sería el cabreo por la lluvia. No podían fallar.

Hasta el kilómetro 30 no estaba el primer avituallamiento y tenía unas ganas tremendas de hacer pis y estando en Suiza se sabía como verían eso de pararse en la cuneta, así que a aguantarse. Yo decido mantener un ritmo suave, a velocidad constante, pero he debido salir muy adelante del agua o ir muy lento en la bici, me pasa constantemente gente, todos acoplados en grupos, parezco un seiscientos en un circuito de formula 1. Pero yo a lo mío, queda mucho y estoy congelado con la lluvia. Las manos están arrugadas del agua y los dedos están un poco insensibles hasta el punto de tener algún problema para cambiar de marcha. Los kilómetros pasan, todo llano, y por fin llega el 30. No necesito nada del avituallamiento, pero si pararme, aunque para mi sorpresa no veo donde, no hay caseta. Estos suizos ahorran en todo, así que un kilómetro más adelante me paro en la cuneta y a intentar hacer pis. La imagen que pretendo describir quizás no es “políticamente correcta”, pero refleja mi estado en ese momento. Digo intentar hacer pis porque cuando pare no sentía nada, se me había quedado totalmente insensible por el frío, y lo peor, no conseguía orinar. Estuve cerca de dos minutos, gota a gota sin sentir nada. Lo que pensé mejor no decirlo. Junto en este punto comenzaban las cuestas, no muy acusadas pero se terminaba el llano, que no la lluvia y seguía empapado, si es que quedaba algo por mojar. Así que como me había cogido un chubasquero que habíamos comprado Eva y yo en Irlanda hace cuatro años, y ante la acuciante sensación de frío que iba creciendo, opte por mandar al carajo la aerodinámica. La imagen: una bici con acople y rueda de palos para ir a toda velocidad conmigo montado con chubasquero azul celeste, que parecía una vela contra el viento, eso si, ande yo caliente ríase la gente.


Lo cierto es que empecé a recuperar un poco el calor, aunque en algunas bajadas tiritaba de frío y me castañeaban los dientes. La cabeza da muchas vueltas en esos momentos. Tantas vueltas que en esos pensamientos cuando peor lo pase en toda la carrera, mentalmente quiero decir. Fue cuando más pensé en retirarme, era una sensación frustrante tantos entrenamientos tirados a la basura por un mal día de lluvia. No entraba en calor y me encontraba ya cansado a mitad de la primera vuelta. Durante muchos kilómetros rodé con la idea llegar hasta donde estaba el equipo, para poder avisarles y una vez allí retirarme. No podía más y la cabeza, como he dicho, da muchas vueltas.

Y fue en esos momentos cuando, llego lo que parecía la puntilla. Durante muchas semanas me había estudiado el perfil de la carrera, siempre había leído sobre el “Heratbreak Hill” como punto clave, en cuanto a cuestas. De echo fue la única zona que entrene los días previos para comprobar si tenía suficiente desarrollo en la bici. Y fue justo dos días antes de la carrera cuando oí de otra cuesta, “The Beast”, esta si que no la conocía. Por lo menos sabía en que zona estaba, pero la subestime. Cuando llegue a este punto fui conservador y empecé con una marcha ligera, lo que no sabia era que la huestecita era de unos 4-5 km y cada vez se volvía más complicada, con lo que me quede sin cambios antes de la mitad y lo pase un poco mal. El único consuelo era que estaba en la primera vuelta y aún hay fuerzas. Pero y si llegaba la segunda, lo pasaría mal. Por fin pasó, lo que reafirmaba mi opción de retirarme. De aquí a la otra cuesta, eran subidas y bajadas con mayoría de llano.

lunes, 23 de febrero de 2009

Ironman Zurich 08 (Parte 1)

Daniel esta demasiado ocupado y ya hemos tardado en contar nuestra segunda experiencia en un Ironman.

A pasado más de un año y me veo de nuevo escribiendo sobre las sensaciones y todo lo ocurrido en otra locura, otro Ironman pero esta vez en Suiza, el Ironman de Zurich.
Lo primero que hay que contar es:

“SOY UN IRONMAN…OTRA VEZ”.

Después de meses de entrenamiento al borde de la lesión, muchas dudas de poder siquiera estar en la salida, de la climatología durante toda la carrera, de haber soñado durante años y ya van dos; pero sobre todo haber contado con el apoyo de casi todo el equipo, de tener a Eva colgada de Internet todo el día y al otro equipo en la sombra, los compañeros de Daniel, lo conseguí.

Lo mejor es intentar describir todo lo que sucedió y paso por mi cabeza durante tantas horas.

“4:15 de la mañana, me despierto con el sonido del despertador, lo que es buena señal porque quiere decir que estaba dormido y no pendiente de la incesante lluvia que no ha parado desde ayer por la tarde, pero el pronóstico dice que sólo serán tormentas (no me acordare veces durante todo el día de los del pronóstico). Me visto para despertarme lo antes posible, empezar a activarme y recoger en recepción del hotel el desayuno que amablemente nos dan a las 4:30 de la mañana. Para mi sorpresa tienen café y te caliente, como lo agradezco. Me subo todo a la habitación: un zumo, un sándwich de jamón y un te. Organizo los últimos detalles de las bolsas con la ropa para todas las circunstancias posibles. A diferencia de Lanzarote aquí no te guardan la ropa, la tienes que dejar en boxes con la bici, todo junto como si fuera un sprint. Aparecen Daniel y Lorena, con una cara de sueño difícil de disimular, pero para ellos también va a ser un día duro, mama ya estaba despierta. Por supuesto ellos no tienen estomago para desayunar. A las 5:00 tenemos que estar en recepción porque tenemos un taxi para ir a la salida. Puntualidad suiza, nos están esperando y yo con mis bolsas y el resto del equipo con su comida, cámaras y ponchos para el agua, nos vamos. En ese momento no tenía muy claro a donde, estaba lloviendo, frío, de noche y por el camino nos cruzábamos con la gente aún de fiesta.

En este punto he de decir que odio la lluvia y más si hago cualquier tipo de ejercicio.

Llegamos a la zona de transición, la gente se resguarda como puede del agua, debajo de los árboles, con bolsas para tapar bicis, chubasqueros improvisados. Sorprendentemente me seguía planteando que hacia yo allí, pero a la vez no dudaba que lo iba a intentar, me lo debía y se lo debía a todo el equipo. Seguí con la rutina de cualquier carrera, intentando colocar todo de tal manera que nada se mojara con bolsas cerradas, hasta colocar los geles en el cuadro era una odisea para que se quedaran pegados, mientras yo estaba empapado debajo de un poncho moviéndome como podía.


Si al silencio de los boxes de un Ironman, le añadimos la sensación de la lluvia sobre nosotros nos queda un extraño sentimiento muy parecido al miedo, con los corazones disparados y las miradas clavadas al suelo, evitando cruzarte con la gente, te ausentas o por lo menos lo intentas. Mi tiempo en boxes es mínimo, lo que lamento, porque me gusta disfrutar de esos momentos, creo que es una parte muy importante de un Ironman, donde se siente el verdadero espíritu de esta carrera.

Cojo el neopreno y nos vamos a la carpa comedor que hay cerca de boxes para estar cubiertos. Aún son las 5:40, demasiado pronto. En la carpa nos congregamos unos cuantos incautos. Estábamos todos un poco asustados, pero me di cuenta que las miradas de todos los acompañantes no eran más optimistas que las nuestras. Por lo menos Daniel se lo paso muy bien viendo a un “enfermo” calentar como si fuera a correr un triatlón sprint y quedaba más de una hora para salir. Yo ya no sabía como sentarme ni que hacer.


A las 6:15 me doy cuenta que tengo que ir a boxes a dejar las zapatillas de correr, así que para no mojarme más me pongo el neopreno, con todo su ritual pero en esta ocasión en lugar de protector solar, me pongo la crema de calentamiento para evitar el frío. A boxes voy yo solo con mama. Dejo las zapatillas bien tapadas para que no se mojen y corriendo a la salida porque al final como siempre son prisas.

Fue todo un poco extraño, de repente se acelero todo y grupos ingentes nos dirigíamos a la salida bajo la lluvia, casi sin luz. Primero dejo la mochila en el “guardarropa”, tirada en el suelo sólo tapada por unos plásticos y tengo que confiar que mi ropa se mantenga seca para después de la carrera, estos suizos me parecen poco previsores. Por el camino llamo a Eva. Me lo coge rápido, estaba esperando. Unas palabras de ánimo y mucha suerte. Ya no podré hablar con ella hasta dentro de 12-13 horas, pero quedamos en que sea siendo un Ironman.

No habíamos llegado a la salida y oímos el pistoletazo de salida, el pánico se extiende entre todos, pero eran los profesionales que salían cinco minutos antes. Aún así, sin casi despedirme, un beso al equipo y rápido al agua porque la salida era desde dentro. Más de 2000 personas metidas en el agua, chapoteando con la mirada fija en la primera boya, a unos 500. Después de Lanzarote y alguna otra carrera le he cogido confianza a la natación y me quitó los nervios de encima, si es que había alguno, porque miedo mucho. Me sitúo delante con más voluntad que certeza de que este es mi sitio.

jueves, 29 de enero de 2009

Estamos de Vuelta

Ya que Daniel parece que anda un poco atareado y tiene un poco olvidado el blog, doy yo el primer paso y voy a poner la foto de como esta la bici para este año, en que he cambiado algunas cosas.

La principal novedad las ruedas nuevas, unas flamantes Zipp compradas en Inglaterra a precio de ganga. Estaba un poco cansado de la Xentis que no ha dado más que problemas y con la incompetencia de Delicias más aún.

Ha quedado bastante bonita, así que a la espera de que Daniel cuelgue la crónica de Zurich, que se la da mejor que a mi, esta es la nueva arma para intentar el asalto a Clearwater este año.