
Con los brazos en alto no se explicar lo que he sentido, es todo muy fugaz, muy efímero, Kenneth me da la mano y me felicita “¿Estás contento?”, que contestar mucho es poco. Le agradezco toda esta locura que dirige. Con una sonrisa otro voluntario me cuelga la medalla que atestigua mi llegada. Todo el mundo en la meta se preocupa por mi como si hubiera ganado, sin apenas recobrara el aliento, una medico me llama por mi nombre y cogiéndome del brazo me dirige dentro de la tienda de recuperación para intentar recuperar lo poco queda de mi.
Me pesan, dos kilos menos, me preguntan si quiero suero y me tumban en una camilla, son todo atenciones, a mí alrededor tengo 3 y 4 personas atendiéndome, me sacan sangre del dedo y unas muestras de la vía donde me conectan una botella de suero. Cuando estoy tumbado oigo los primeros gritos detrás de mí, Daniel, Eva, Lorena, mama están ahí y papa preocupado por lo de la muestra de sangre, sin saber que era voluntario. Son las 8:30 de la tarde y siguen animando, no me puedo imaginar está carrera sin tener la sensación de apoyo que yo he tenido durante las 12 h 44’ que tardado en ser un Ironman. En la camilla me quedo helado, las piernas abrasan por las quemaduras del sol. A falta de una, me ponen dos mantas, un bocadillo de jamón y un baso de caldo caliente que sienta mejor que cualquier bidón de Powerbar.
Me quitan el suero y Daniel me da una sudadera hasta que salga de la zona de boxes, aún me queda recoger todo el material, la bici y como no puedo olvidar la camiseta y el diploma de finisher. Me pongo a la cola donde sólo me dan la camiseta, el diploma no está hecho, mañana en la Santa. Recojo todo, la bici y me dirijo a la salida de boxes con un cierto vacío, una sensación extraña. Había soñado muchos años con acabar un Ironman, por fin lo conseguí, toda la carrera he ido sin problemas, pero ya ha terminado, llore cuando veía imagines de la llagada de otros, pero no he podido hacerlo en la mía, he estado más de lo deseable en la carpa de recuperación y no he podido abrazar a Eva y a todos, no he podido disfrutar el momento como había querido.
En ese instante no era muy consciente de ello, pero ahora pasado un tiempo me doy cuenta de que esto fue el único fallo que tuvo el día, eso y no quedarnos hasta la llegada del último.
Salgo de boxes, quemado por el sol, paso los últimos controles de material y allí están Eva y Mamá esperando con una cara de agotamiento mayor que la mía, haciendo válido el lema de sus camisetas “SI QUIERES, PUEDES”. Me abrazo a Eva, cuantas horas esperando que llegara, luego a Mamá. Papá ya se ha ido y Daniel y Lorena están en el hotel. Inconscientemente nos vamos al coche para volver a La Santa. Todo ha pasado, me encuentro fuerte así que yo conduzco y Daniel y Lorena se vienen para cenar juntos.
Cuando llegamos yo empiezo a estar realmente cansado y, sobre todo, con mucho frío, me ducho y el termómetro marca 38ºC. Un poco de fiebre. Ya es demasiado tarde para ir a cenar fuera, así que compramos unas pizzas y al apartamento, no hay fuerzas para mucho más.
Cómo todo el día, pasa rápido y, sin darme cuenta, estoy metido en la cama con una manta hasta las orejas.
Me levanté con nervios y un sueño que ahora se ha hecho realidad. Me acuesto cómo un Ironman, como Eva, Daniel, Lorena y Mamá, el FELTD Team que tantas fuerzas me han dado durante todos estos meses, y en especial hoy. El sueño hecho realidad.
Me quedo con una sensación que no podía imaginar durante los entrenamientos. Siempre me dió mucho miedo que físicamente no hubiera preparado lo suficiente una distancia de esta envergadura, pero, quizás, esto era menos realista que las vueltas que me podía dar la cabeza durante horas. En otras carreras siempre me planteaba lo que quedaba por hacer, sin embargo en esta ocasión, y eso es lo que me hace sentir muy contento, es que en ningún momento pensé en lo que estaba sufriendo y cuando me bajé de la bici, que me quedaba una maratón. Creo que en todo momento pensé y supe que iba a terminar. En los malos momentos de la carrera a píe, nunca me lo planteé, estaba seguro que sin mirar el cronómetro, y menos el pulsómetro, conseguiría cruzar la línea de meta.
Lo conseguí y creo que con una experiencia como esta he conseguido ver ciertas cosas de otra manera, ¿qué cosas?, me las guardo para mi.
Muchas gracias a todos
Eva, Daniel, Mamá, Lorena y Papá, sin vosotros no hubiera sido los mismo.
Fernando Tardón. Finisher Ironman Lanzarote 2007

Hasta aquí el diario de Fer en el día más importante de su vida deportiva. La anterior foto es el diploma que atestigua esta locura y que le hace ver que esto sólo acaba de empezar... ¿Lo próximo?... Ironman de Zurich 2008 con su mítico Heartbreak Hill, pero esa será otra historia.

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