martes, 4 de diciembre de 2007

Soy un IRONMAN - Parte 7


Acabo el tramo en solitario andando, pero a buen ritmo. Comienza la zona animada, la música de fondo y allí, para mí, uno de esos momentos por los que merece la pena correr esta locura. En la vuelta anterior, en una zona con música disco, al verme andar un inglés, o eso creo, al ver mi nombre en el dorsal comenzó a animar con todas sus fuerzas para que no parara, que siguiera adelante pero sin parar. Cuando llego a ese punto, allí seguía, me reconoce y casi cruzándose en la carrera me extiende la mano y me felicita con una sonrisa de oreja a oreja, “ya lo tienes hecho”. Otra vez increíble, no te conocen de nada pero en ese momento eres su “mejor” amigo. Cuanto tiene que aprender el mundo del triatlón olímpico y distancias cortas.

Sigo adelante con el corazón encogido y como él con una sonrisa más grande que la suya. Llego al último vaso de agua y desde aquí pruebo suerte a comenzar a correr, confiando que las piernas respondan. Un kilómetro y más con el corazón que con fuerzas comienzo a correr y, para mi sorpresa, me encuentro pletórico, corro, corro, corro, mi razón de ser durante meses. Me acuerdo de todas esas horas entrenando, fines de semana sin salir, robando horas al sueño, al descanso, al trabajo y sobre todo a Eva.

Y ya estoy aquí, tantas horas imaginándome en la recta de llegada, rodeado de música, aplausos y la sonrisa y ánimos de todo el equipo. Al fondo veo a un chico que se para a coger una bandera y un peluche, como yo, no se cree que por fin esté aquí, pero yo quiero que este momento sea sólo mío, así que acelero un poco, con todas las reservas que significa acelerar después de 12 horas y media de carrera. Le paso justo al llegar a la zona de gradas, los últimos metros y todos para mi, creo intuir a todo el grupo gritando, supongo que tan emocionados como yo.



Pasan los metros y la mirada se queda fija en el arco de meta, no importa el tiempo, pero tienes las sensación de que no quieres que se acabe, que se pare el tiempo y disfrutes de esta recta durante horas.


Últimas zancadas y ya tengo decidido como entrar, como cruza la meta, delante de mi dos chicas extienden la cinta de llegada, como al primero, como a todos los “finisher”. A un metro de la llegada me paro durante fracciones de segundo disfruto, tan emocionado que no me salen las lagrimas, un saltito y…

¡¡¡SOY UN IRONMAN!!!



Por fin este diario tiene un sentido
Continuará...

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