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He acabado la bici y afronto la maratón con una tranquilidad y convencimiento de que lo voy a acabar, que me deja impresionado cuando lo he pensado después. No había dudas en mi cabeza, no estaba el “cuanto me queda” sino “todo lo que ya he hecho y lo que me queda por disfrutar”. Últimos 100 m paralelo a la línea de meta, me bajo de la bici y un voluntario me la recoge como a los profesionales, pongo pie a tierra después de más de 6 horas y comienzo a oír los gritos de animo por todos lados, pero no los localizo, voy demasiado extasiado. Con mucha tranquilidad a por la bolsa de la carrera a pie, no debo ir muy mal porque aún quedan unas cuantas.

A continuación a la caseta a cambiarme. Sólo me dejo los calcetines y el bañador. Otro momento cumbre, del que tanto he leído, una amable voluntaria se queda a mi lado hasta que me he vestido y me pone crema solar por todo el tronco, parece que ellos también corren, se esfuerzan como cualquiera de nosotros. Muchas gracias a todos. Las zapatillas y a por una maratón. Antes pesaje oficial, no he perdido peso, y pinchazo en el dedo para tomar sangre.

Salgo de la caseta, primero andando, me pongo la gorra y dejándome llevar por el momento y por unas piernas que parece que responden y no están muy cargadas, comienzo a trotar. Poco a poco, a unos 6 minutos el kilómetro. El ambiente es indescriptible. Paso por la meta y punto de retorno, aquí comienza el tramo difícil de verdad, difícil ahora que lo pienso, pero durante la carrera nunca dude de acabar.
Me cruzo con el equipo, gritos y ánimos, sus caras denotan cansancio. Y yo sin poder dar un beso a Eva por miedo a que me sancionen. Llego al primer avituallamiento, he tomado la decisión de hacerlos todos andando, beber en todos y 1 o 2 geles por vuelta. De momento corro con los mazapanes de isostar en la mano.
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Los metros pasan, me encuentro con Papá a medio camino del tramo de ida, se agradece el apoyo y los ánimos. Sigo y sigo trotando, bebo y sin darme cuenta llego al giro y de nuevo dirección a la meta. La vuelta tiene dos zonas muy diferenciadas, la primera mitad, gente en ambos lados, ánimos, música, estás completamente arropado; la segunda mitad el paseo marítimo está casi vacío, eso si en cada puesto los voluntarios se dejan la garganta en animarte y si leen tu nombre más aún: “water, powerdrink, powergel, fruit, banana”, se me quedará grabado mucho tiempo.
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Y en 1 hora se acaba la primera vuelta, sin darme cuenta, las piernas van respondiendo, las pulsaciones un poco más altas de lo deseable, pero en general con muy buenas sensaciones. Cada paso por delante del grupo es todo un número, pero como se agradece, hasta casi Mamá se hecha a correr. Ya tengo la pulsera amarilla. Llega el primero.

Continuará...







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