jueves, 29 de noviembre de 2007

Soy un IRONMAN - Parte 4


Y llego a Teguise. Por el camino me cruzo con una chica llorando desconsolada sobre la bici, pero sin saber el motivo. Varios chicos se quedan a su lado y empiezan a animarla como si fuera a ganar. Ese es el espíritu Ironman y que creo que no te encuentras en ningún otro tipo de triatlón. Como iba contando, primeras rampas en Teguise y aproximación hacia el Mirador de Haria. La gente ya no va tan rápido, tanto acople y plato grande aquí no vale de nada. Empiezo a pasar gente atrancada y eso que hoy nos respeta el viento en la subida más temida de la carrera.

Me encuentro eufórico, kilómetro 100 y disfrutando. Ya pienso en el sandwich de membrillo en el puerto. La gente se sigue quedando y paso unos voluntarios que, radio en mano, van avisando al puesto de bolsas especiales de los dorsales que suben. Increíble, unos cuantos metros después me encuentro con una chica que con mi bolsa en la mano no para de gritar el 360. Un detalle tonto pero para mi muy emotivo en ese momento. Le recojo la bolsa y me paro en la cuneta para reponer todos los geles que ya me he tomado y el súper sandwich. Para mi decepción en la cima sopla viento y además es frío, por lo que pensando en la bajada que me queda, más fría aún, me meto todo en el maillot y continúo sin poder disfrutar del merecido descanso que llevaba planeando 100 km.


La bajada la comienzo con muchas precauciones, no tengo nada que ganar y si mucho que perder, no deben pensar lo mismo unos pocos que superan acoplados apurando las curvas como motoristas, uno creí que le veía en el fondo del precipicio y no en la cuneta como el de hacia 40 km.

Las vistas son escalofriantes, el Valle de las Mil Palmeras con Haria al fondo, merece la pena haber llegado hasta aquí. Desde este momento, las emociones se van acumulando, he intento retenerlas todas, me voy acercando a mis límites en bici durante los entrenamientos y no se como voy a reaccionar.

Después de Haria comienzan las pequeñas cuestas, cortas, pero con una pendiente considerable que van minando las fuerzas y, casi sin darme cuenta, estoy en las rampas del Mirador del Río, aquí si que impresionan las vistas, tanto que me echo a un lado de la carretera porque me da hasta vértigo. Estoy disfrutando como un enano, la gente se va quedando y yo sigo sin sufrir. Llego a la cima, bote de agua, meadita y enfilo las cuestas que me dejarán en Puerto del Carmen.

Las primeras cuestas y la bici se pone a más de 60 sin forzar, pronto llegan las primeras sensaciones de verdadero cansancio, justo cuando entro en el llano paralelo a la costa, quedan 40 km y el viento aparece en contra. No es excesivo, el viento quiero decir, pero es que son los últimos 40 km y hay que ir pensando en lo que queda todavía. Menos mal que allí está todo el equipo al completo, no los esperaba y todos en la cuneta saltando y gritando para dar ánimos, el cansancio no puede con ellos, luego tengo la suerte de que me puedan seguir un poco con el coche, sobran los comentarios de lo que te hacen sentir en esos momentos. Pero aún está por llegar el tramo más complicado de toda la bici, unos 10 km con viento en contra y el peor asfalto imaginable. Por lo menos salgo sin pinchazos y averías.


Y por fin llega el giro en el que nos ponemos de nuevo a favor del viento. Justo aquí decido dejarme llevar, los tramos cuesta abajo son más que las subidas, así que a relajarse todo lo que puedo, que ya he superado mi límite montando en bici.


El paisaje ha cambiado radicalmente, las coladas de lava han desaparecido y comienzan las casas y a lo lejos los hoteles de Puerto del Carmen. Última rotonda, última cuesta, últimas pedaladas, ya estoy en el paseo marítimo de Puerto del Carmen. Me cruzo con los primeros que ya están corriendo. Que sensación!.



Continuará...

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