Con el viento no muy desfavorable los kilómetros entran sin darme cuenta y llego a Yaiza, el primer avituallamiento y Papá vuelve a estar allí pegando buenos gritos... no les queda por gritar aún.
En el punto de cruce de vuelta del Golfo me cruzo con los primeros, van como motos. Yo tranqui, esto no ha hecho más que empezar, igual que la primera de mis paradas técnicas, la vejiga ya se ha llenado. Sólo un pero hasta que llego al Golfo, un testículo está subido y no para de doler, sobre todo en las subidas, y no consigo recolocarlo. Por cierto, en este tramo tengo una moto con cámara grabando durante un buen rato. Me sigue pasando gente por todos los lados.
Y por fin llegamos al cruce donde comienza la carretera de los camellos. Tanto tiempo soñando en este momento y por fin estoy frente a uno de los paisajes que más veces me he visto cruzando en bici. Con la emoción y las pequeñas cuestas esta vez soy yo el que adelanta gente, metido en el acople ni me doy cuenta de que está chispeando y hace un poco de frío. Me acuerdo de la decisión de ponerme el maillot.
Estamos en el kilómetro 60 y no tengo noticias del equipo. Con los atascos que he visto en varias rotondas me imagino donde están.

Ahí estaba el equipo...
Menos de 2 horas y ya 60 km, con el viento de culo vamos como tiros. Paso el centro de interpretación del Parque y en una curva uno delante de mi traza la traza mal, pisa una piedra y se va al suelo saliendo despedido por delante. Me paro para ver qué tal está, cuando le veo la mano y la cara se que para él se ha terminado la carrera. Paro un coche que avisa por teléfono a la policía. Yo después de un rato, y darme cuenta de lo fugaz que puede ser llegar o no por una tontería, reanudo el camino.
Varios kilómetros después, en Tinajo, diviso en el horizonte las camisetas “Si quieres, puedes”, por fin todo el equipo, estos si que se hacen oír, pero donde se han puesto no puedo parar. Pero si lo hago un poco después en otro punto para contarles que todo va bien, y que coño, disfrutar del momento, no tengo prisa. Aquí, sin saberlo, seria el último punto en que nos viésemos hasta los últimos 40 km.


Después de varias vueltas por carreteras estrechas y con el viento de culo, emprendo el camino a Teguise, donde las cosas empiezan a ponerse serias. La alimentación de geles, barritas y pastillas de sodio va según lo previsto, pero he perdido la cuenta de las veces que he parado a mear.
Por cierto, el testículo volvió a su sitio ante la perspectiva de ir descolocado 180 km.
Continuará...

No hay comentarios:
Publicar un comentario