
Me pongo el gorro y a esperar los últimos 5 minutos, los pulsómetros de la gente están disparados. Y por fin llega la hora, el pistoletazo y todos al agua, como pingüinos todos de negro, los primeros lanzados, el resto de los mortales vamos entrando al agua con miedo como reticentes a lo que nos espera sin querer que todo empiece.

Piso el agua, me pongo las gafas y empiezo las primeras brazadas, pero algo no funciona, me entra mucha agua en las gafas, me paro y las ajusto pero sigue igual. Vuelvo a parar varias veces hasta que decido quitármelas, con el inconveniente de que las tengo por debajo del gorro, haciendo malabares para no quitármelo, saco la correa y para mi sorpresa compruebo que las tenia puestas al revés, ¡¡joder que novato!!

Me las coloco bien y comienzo la natación de verdad. Intento ir abierto fuera del follón de gente que nada pegada a la boyas. Me encuentro a gusto, el traje me resulta cómodo y a pesar de algún mamporro voy adelantando gente. En un momento sin darme cuenta me encuentro metido en todo el lío y me intento salir como puedo, eso si, después de otro par de mamporros. He aprendido la lección, no se vuelve a repetir.

Y se acaba la primera vuelta, no se el tiempo, he decidido nadar sin reloj. Me subo las gafas y a correr un poquito por la playa, y allí en la valla, todo el equipo gritando todo lo que pueden, me giro y una sonrisa que hay que volver al agua. Sigo muy cómodo, los follones ya son menores, la selección natural ya se ha hecho. La segunda vuelta discurre sin problemas, toda pasa muy rápido, parece increíble que una hora nadando pase tan deprisa.

Pongo el pie en la arena y me quito la parte de arriba del neopreno para que al llegar a la ducha me pueda limpiar bien de sal de la cara y el tronco. Subimos por una alfombra roja, la misma por la que bajamos, como las estrellas de cine después del estreno. Llego a la zona de boxes donde cojo la bolsa de la bici y me dirijo a la carpa para cambiarme, me pongo en una camilla, incauto de mi, en todo el centro de la zona de cambio. Cuando me quito el neopreno, detrás de mi empieza a rugir todo el equipo que se ha encaramado a la valla y están asomados gritando que muy bien y que tranquilidad. Yo tranquilidad toda la del mundo y la que me permite el resto de corredores.

Me visto por completo de ciclismo, cojo los geles en el maillot y me unto bien de crema que el día es largo, después de que las increíbles voluntarias me pregunten 3-4 veces si quería protector solar. Con el casco en la mano y la bolsa en la otra, salgo de la carpa, donde los médicos del estudio de hiponatrémia me pesan y desean buena suerte.
Corriendo a por la bici que esta al lado de la salida. Cuando estoy llegando al puesto de mi reluciente Kestrel con el 360, oigo como gritan mi nombre, allí estaba pegado a la valla Papá, animando, la otra sorpresa del día y nuevo miembro del equipo. Mientras me pongo el casco y cojo la bici me doy cuenta de la gran cantidad de bicis que quedan aún por coger, por lo que la natación ha debido salir mejor de lo que esperaba.


Continuará...

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